Sabores auténticos que inspiran

Entre paisajes magníficos y comidas típicas, la provincia de Catamarca tiene innumerables propuestas para vivir un invierno intenso y en familia.

Con una variedad de paisajes que va desde los verdes valles hasta postales de montañas de diversos colores, la provincia de Catamarca espera con un festival de sabores que muestran y homenajean a la cultura local. La temporada invernal y la llegada de la mitad del año regalan la época ideal para cortar con la rutina y vivir un viaje delicioso, en lugares que reciben con la calidez de su gente entre fiestas, entornos increíbles, termas relajantes, tradiciones, manos artesanas y aventura plena.

Desde San Fernando del Valle de Catamarca, sólo hay que recorrer unos 17 kilómetros para adentrarse en un paisaje mágico: la Cuesta del Portezuelo. Entre sus mil tonos de verde y a 1680 metros sobre el nivel del mar, alcanzar su cumbre viene con recompensa: una vista inigualable de la ciudad capital.

A medida que se sube por el zigzagueante camino de la ladera de la Sierra de Ancasti, es una experiencia imperdible entregarse al disfrute aire puro y de los colores de la vegetación. Y además, todo bajo la atenta mirada de un cóndor que surca el cielo despejado desplegando sus alas. Alrededor, los caseríos sencillos con patios de tierra que se contemplan a lo lejos regalan una postal tranquila y calma, tanto como el ritmo pausado que se vive en la zona.

Luego de un paseo inspirador, reunirse a degustar dulces y confituras locales es detenerse para conocer la cultura del lugar. Así, uno puede disfrutar, entre mates y charla, de gaznates, rosquetes, torta de turrón, dulces de lima, cayote e higo, y las típicas nueces confitadas.

Los dulces y las confituras sorprenden al paladar y se acompañan con algún vino patero o licor, con el que se brinda y se celebra semejante reunión en medio de un paisaje que enamora. Coronar la travesía comprando excelente ají pimentón, comino, anís y nueces para regalar, o para traerse con uno y recordar los exquisitos sabores catamarqueños. Por la noche, las cenas acercan los sabores más tradicionales, como locro de maíz, charqui de llama, carne vacuna, de cabrito o de cordero, maridándolas con vinos regionales bajo el cielo estrellado.

 

Entre brindis

Otra alternativa imperdible es emprender camino hacia Fiambalá, al oeste de la provincia y a 322 km de la capital provincial. Allí, varias bodegas invitan a degustar los exquisitos vinos de elaboración local. Una copa de Malbec, Syrah o Cabernet Sauvignon, las cepas estrellas de la región, regala una conexión con lo más profundo de la tierra catamarqueña. Sus viñedos, en un paisaje enmarcado por los Seismiles (las cumbres más altas de América), cuentan una historia de larga data, y la elaboración de los más deliciosos vinos tiene como aliados al ambiente casi desértico y la amplitud térmica, que dan como resultado frutos concentrados y sanos.

Complementan la experiencia sabrosos platos regionales de una cocina en la que reina el maíz (condimentado con pimientos y aromáticas), y el membrillo, que siempre llega para el postre.

Ideal para acompañar el viaje, en pleno valle vitivinícola catamarqueño y a lo largo de 50 kilómetros, espera un circuito que sorprende. Entre Fiambalá y Tinogasta, la Ruta del Adobe deslumbra con reliquias arquitectónicas construidas en barro y paja entre los siglos XVII y XVIII.

La aventura se vive a pleno en los médanos, entre sandboard y recorridos en 4x4 y cuatriciclos, o con el relax de las termas de Fiambalá. Para quienes buscan la tranquilidad, sumergirse en los piletones de piedras pircas y sentir el agua caliente relaja inmediatamente y termina de borrar cualquier rastro de estrés que pudiera quedar, siempre con el increíble paisaje cordillerano como fondo.

Sea cual sea la travesía emprendida, la cocina catamarqueña es la protagonista y una opción excelente para vivir la temporada invernal. Es entrar en comunión con una tierra de arraigadas tradiciones y hermosos paisajes naturales. Catamarca brinda su gastronomía, su locro, su maíz, sus empanadas, y en donde nunca faltan delicias como los panes de membrillo o las nueces confitadas, que abrigan y reconfortan el espíritu en pleno invierno.

 

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18/10/2017

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