Un paseo por el fin del mundo

Ushuaia conquista con sus paisajes australes y su naturaleza virgen. Un destino para disfrutar en cualquier época del año.

La cordillera de los Andes llega a su fin y a sus pies descansa Ushuaia, con casas de madera y techo a dos aguas mirando hacia la inmensidad del Canal de Beagle. Está bañada por la nieve invernal que cae dos o tres veces por semana y con un cielo más bien oscuro porque hasta entrada la primavera, el sol aparece sólo por seis o siete horas.

Las calles, los tours, los restaurantes y los hoteles están llenos de extranjeros de todas partes del mundo que se fascinan con la idea de estar en el punto límite de la vida humana en el planeta. Es que luego de Ushuaia, sólo hay aguas oceánicas que se extienden por 1.000 kilómetros hasta llegar a la Antártida.

Para tener un primer acercamiento a la "ciudad del fin del mundo", uno puede comenzar por recorrer el casco urbano en un típico colectivo inglés Double Deker de los ‘60 mientras la guía relata la historia de los típicos puntos de interés: el puerto, las casas de los primeros pobladores, la Base Naval con sus antiguos edificios públicos, el buque varado Saint Christopher y el Paseo del Centenario, punto panorámico desde donde se aprecian las cadenas de montañas que rodean la ciudad. En el tour, el viajero también se entera de que esa zona fue poblada once milenios atrás por los cazadores-recolectores yámanas hasta 1870 cuando se instaló el primer hombre blanco, Tomas Bridge, con el objetivo de evangelizar a los indígenas. Para ese entonces, comienza el acelerado exterminio en mano de los colonos.

Bridge fue quien fundó la estancia Harberton que está escondida en una península a 85 kilómetros de la ciudad y rodeada de los particulares árboles-bandera, con sus ramas tan torcidas por el viento que parecen estar, desde hace años, queriendo alcanzar algo lejano. Las excursiones allí incluyen una caminata por la estancia, el Museo Acatushún que posee esqueletos de animales marinos de Sudamérica y un almuerzo con platos típicos.

Los antepasados de los pueblos originarios que habitaban la zona, se pueden apreciar en el Museo Yámana donde a través de maquetas y murales se reproduce la vida de este pueblo milenario. El museo abre diariamente de 15.30 a 19 y la entrada general es de 60 pesos.

Antes de que caiga el sol, es muy placentero dar una caminata sin prisa por la rambla que bordea la Bahía de Ushuaia y desde allí apreciar la quietud de los barcos que posan en fila junto al puerto. El agua cristalina golpea suavemente las piedras de la playa y si caen copos de nieve uno logra sentir la paz austral.

 

El interior fueguino

Existen pocas cosas como la grata sensación de sentir el viento que pega de lleno en la cara mientras uno divisa la inmensidad de las aguas que conforman el Canal de Beagle, rodeadas de montañas revestidas en nieve de todos los tamaños y formas. Por eso, vale la pena tomar una embarcación y recorrer el paso marítimo que unos treinta años atrás casi genera una guerra entre Chile y Argentina por la soberanía de las islas, pero que finalmente, encontró solución mediante la firma del Tratado de Paz y Amistad en 1984 con la mediación del Papa Juan Pablo II.

El barco bordea la Isla de los Pájaros donde se observan cormoranes, albatros y petreles, luego recorre la Isla de los Lobos donde se aprecia a estos animales interactuar entre sí, y por último pasa por el simbólico Faro Les Eclaireurs. La excursión dura dos horas y media aproximadamente y tiene una tarifa de unos 490 pesos por persona.

Otra de las actividades que el viajero debe hacer es recorrer el Parque Nacional Tierra del Fuego e inmiscuirse en la naturaleza más virgen por senderos con lengas y turbales. A medida que uno avanza, el paisaje se vuelve antártico y predominan los valles, los ríos, las montañas con una vegetación tupida de un verde intenso. Entre sus ocho circuitos que varían en distancia y dificultad, se encuentra el Paseo del Mirador, desde donde se aprecia en las alturas la Bahía Lapataia. En el trayecto, se pueden observar zorros, castoreras, variedades de aves, el archipiélago Cormoranes y los particulares "concheros", una especie de hueco con acumulaciones de moluscos que datan de la época de los yámanas. Vale la pena caminar unos 8 kilómetros para darse el lujo de desembocar en las playas del parque bañadas por el Canal de Beagle. 

Los orígenes

La historia de Ushuaia está atravesada por el antiguo penal que el entonces presidente Julio Argentino Roca mandó a construir a principios del 1900. Pero los obreros encargados de levantar la cárcel, eran los propios presos, por eso, para que pudieran terminarla, cocinar y calefaccionarse, se tendieron los rieles de las vías por las que hoy transita el Tren del Fin del Mundo, un paseo turístico inaugurado en 1994 que reconstruye los viajes que hacían los reclusos para ir a buscar madera al Parque Nacional. 

Este recorrido lo repitieron durante casi medio siglo cuando se les encargó como trabajo forzado, construir calles, plazas y puentes. Fue en ese entonces, cuando comenzaron a modelar los principios de lo que hoy es la ciudad de Ushuaia. 

El presidio, que contaba con cinco pabellones y 380 celdas, fue clausurado por el Gobierno peronista por razones humanitarias y años más tarde se convirtió en el Museo Marítimo - Ex Presidio de Ushuaia. En las celdas, estremece ver a los muñecos en tamaño real de algunos presos famosos como Cayetano Santos Godino (el Petiso Orejudo), el primer asesino serial del país, y presos políticos como el escritor Ricardo Rojas o el anarquista Simón Radowitzky. Es inevitable imaginar las condiciones extremas en las que vivían mientras el guía cuenta anécdotas de aquella época.

 

Blanco austral

Ushuaia es sinónimo de nieve. Hasta en verano uno puede tener la suerte de tomar un poco de hielo y que se derrita en la mano. Si bien hay todo tipo de actividades para hacer en las montañas nevadas, como patinaje sobre hielo, esquí, motos de nieve, caminatas con raquetas, snowboard, travesías en trineos tirados por perros y excursiones nocturnas, uno de los lugares más recomendados en los que se puede ir en cualquier época del año es el Glaciar Martial. Para llegar allí hay que caminar 7 kilómetros desde la ciudad por un camino sinuoso que también se puede hacer en auto. Luego, uno puede ascender en aerosilla o tomar un camino alternativo que bordea un arroyo en el que se aprecia la flora y la fauna típica del sur. Hay que tener cuidado y hacerlo bien temprano, porque si cae la noche es difícil seguir el camino. Una vez allí, el viajero se encuentra con una fascinante vista del Canal de Beagle y la Isla Navarino de Chile. A la vuelta, está la casa de té "La Cabaña", donde uno puede recalentar el cuerpo y probar tortas hechas en base a las recetas que dejan los viajeros.

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Fecha de hoy

16/12/2017

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