Redescubriendo a Santiago de Chile

La capital del país trasandino vive una gran transformación cultural, gastronómica y de estilo de vida. Un recorrido por sus barrios.

Con más de 7 millones de habitantes en su región metropolitana, Santiago de Chile tiene brisas sudamericanas pero más aires de otras regiones. Llamada la Miami trasandina por la “locura shopping” que incluye mayormente a los argentinos que llegan hasta allí, la ciudad, moderna y competitiva, tiene atractivos más allá de las compras entre cuatro paredes. Con la majestuosa cordillera de los Andes como telón de fondo, ha sabido modernizarse sin perder un cierto encanto provinciano, preservando una parte de su pasado colonial.

Capital del vecino país, es considerada una de las ciudades de Sudamérica con mejor calidad de vida, y eso queda reflejado en sus calles. Los millones de personas que viven en sus 37 comunas, 26 de las cuales están en la zona metropolitana, no hacen mella en su orden. Es llamativo (y envidiable) que si se lo compara con otras grandes capitales del continente, como puede ser Buenos Aires, el tránsito es ordenado, la ciudad es limpia y el transporte público funciona muy bien, aunque viajar en subte pueda resultar una experiencia para no repetir.

Además de entretenidos lugares céntricos con una dinámica vida nocturna, restaurantes, tiendas de diseño y galerías de arte para conocer, a pocos kilómetros de la parte histórica existen espacios naturales ideales para actividades al aire libre y relajarse. Y parte de esa riqueza por descubrir está en sus barrios que se formaron por distintos modos de interacción social y ofrecen una calidad arquitectónica de gran valor.

Antes de salir a los barrios, nuestro punto de partida puede ser la Plaza de Armas, considerada el centro histórico. Es el corazón de la ciudad desde su fundación en el año 1541. Frente a la plaza está la Catedral Metropolitana, dedicada a la Asunción de la Santísima Virgen, y que compone el principal templo de la Iglesia Católica en el país. Y a pocos metros de allí se encuentra el Mercado Central, sobre un extenso edificio de hierro fundido en el que se pueden encontrar carnicerías, panaderías y pescaderías, además de numerosos restaurantes que han sabido conservar recetas criollas ancestrales. Al entrar, como recomendación y para no salir asustado, hay que entender que no podrá caminar sin que cada diez metros se le acerque alguien ofreciendo el mejor plato de pescado para comer.

Párrafo aparte y a pocas cuadras de la Plaza de Armas está el Palacio de La Moneda, una edificación de estilo neoclásico italiano que fue creado para albergar la Casa de la Moneda, pero que en la actualidad funciona como sede del Gobierno nacional, y que trascendió fronteras tras el suicidio del ex presidente Salvador Allende en 1973. Su fachada es impresionante y el edificio está rodeado de una gran cantidad de construcciones gubernamentales. Cuenta con varios salones con características muy diferentes y tiene una capilla muy pintoresca. Si bien se puede visitar días de semana, es necesario hacer una reserva vía web (al menos una semana antes) para poder ingresar. Cada dos días es el cambio de guardia, un lindo espectáculo para ver. El edificio también alberga un centro cultural con tres niveles subterráneos en el que hay exposiciones sobre el folclore chileno, cine de arte y tiene una tienda de artesanía nacional.

Amor y altura

Alejándose un poco de las calles de sobras y comercios abarrotados, se llega a los barrios que rodean al centro histórico. Suelen decir los chilenos que por Bellavista pasa todo, y algo de razón tienen. De origen indígena y humilde, es probablemente el barrio más delicioso, con vida diaria y nocturna. En un ambiente desenfadado y bohemio, se encadenan centros culturales y teatros que suelen ofrecer propuestas interesantes. Con una arquitectura de principios de siglo pasado, tiene restaurantes que se destacan por su particular gastronomía del mundo.

En esta zona está la famosa casa de Pablo Neruda, “La Chascona”, construida a partir de 1953 para esconder su amor con Matilde Urrutia y que basó ese nombre en el apodo que  le daba a ella por su abundante cabellera rojiza. Para disfrutar de las alegrías prohibidas con esta mujer (por aquel entonces estaba casado aunque después se separó y regularizó su relación) mandó construir esa vivienda que alberga una interesante pinacoteca y curiosas colecciones de mobiliario, además de enseres del autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Las visitas no requieren reserva, pero el ingreso es por orden de llegada y está sujeto a la disponibilidad de cupos por día.  Neruda murió en 1973, poco después de Salvador Allende, y fue enterrado en el Cementerio Municipal de Santiago. Hoy no se puede visitar su tumba (sus restos fueron exhumados) pero sí pasear por este campo santo donde descansan importantes personajes de Chile. Merece la pena por su tranquilidad, para recordar (o descubrir) la historia local y por su valor monumental.

Pero además, Bellavista es la puerta de entrada al parque más grande de la capital, el Metropolitano, ubicado en el cerro de San Cristóbal y con 720 hectáreas. Cuenta con un funicular que tiene dos paradas: el zoológico, paseo ideal para los más pequeños, y en uno de los puntos más altos de la ciudad, una terraza mirador. Desde aquí hay senderos para trekking, un anfiteatro y un restaurante para pasar un buen rato. Y si todavía hay ganas de viajar por los cielos (hay jornadas que la contaminación atmosférica es intensa) lo idea es bajar del cerro por el Teleférico Metropolitano, que nos deja a pocas cuadras del Sky Costanera, el mirador que se encuentra en la parte superior del edificio Costanera Center, que con 300 metros de altura desde el primer piso hasta su cima es la torre más alta de Chile.

La plataforma de observación cuenta con ascensores rapidísimos (con capacidad para 45 personas) que permiten llegar desde la planta baja al piso 61 en solo cuarenta segundos. El Costanera Center fue construido en el corazón financiero de Santiago, un sector bautizado como “Sanhattan”, y punto estratégico de la capital donde confluyen los barrios de Providencia, Las Condes y Vitacura. Detrás de esta obra hay un ideólogo argentino: el arquitecto César Pelli, reconocido mundialmente por las Torres Petronas en Malasia (452 metros). Con una vista de 360º, el mirador consta de dos plantas de circulación libre y seguras. El piso 61 es un mirador cerrado y el 62, una azotea a cielo abierto.

 

Joyas del pasado

Antes de llegar al barrio Lastarria, caminando desde el centro histórico, el viajero se cruza con el Cerro de Santa Lucía, donde puede decirse que nace la historia de Chile como país, dado que fue el 13 de diciembre de 1540 que Pedro de Valdivia tomó el cerro y comenzó la conquista de la región. Santa Lucía cambió su apariencia agreste en 1872, gracias al intendente de esa época que lo convirtió en un atractivo paseo. Además de variadas especies arbóreas, ornamentación de origen europeo y reliquias del pasado colonial, en el Cerro, entre empinados escalones de piedra, se destacan atractivos espacios, como las terrazas Neptuno y Caupolicán y el Castillo Hidalgo (levantado entre 1814 y 1817), nombre que tomó del capital argentino de granaderos, Manuel Hidalgo, que participó de la Expedición libertadora a este país y que murió en la Batalla de Chacabuco.

Bajando del cerro, y tras descansar en unos de sus bancos ya que llegar a la cima por los serpenteantes escaleras cansa mucho, arribamos a Lastarria, el lugar perfecto para darse un homenaje gastronómico y disfrutar de las tiendas y de la cultura más vanguardista. Como si fuese un micromundo cultural dentro de la urbe, es un barrio privilegiado y que ofrece diseño, tiendas de discos, librerías, ropa, teatro, un mercado orgánico, el Centro Cultural de Gabriela Mistral y dos de sus museos más importantes: el de Bellas Artes y el de Arte Contemporáneo. Todo se puede hacer caminando ya que son un puñado de manzanas, y visitarlo al atardecer es ideal, ya que los aires franceses de otras épocas nos permiten viajar a la época colonial. En pleno corazón del barrio, se ubica la Iglesia de la Veracruz (construida entre los años 1852 y 1857), para homenajear el lugar en el que habría vivido el conquistador Pedro de Valdivia.

En el barrio Brasil, una zona que salió en los últimos años del ostracismo gracias a la hostelería y a la recuperación arquitectónica, se encuentra la tradicional plaza homónima, sitio de convergencia social y cultural con muestras permanentes de arte callejero y ferias de todo tipo. Imprescindible hacer una parada en el Teatro Carrera, un imponente edificio de corte neoclásico reconvertido en pizzería, o darse una vuelta para tomar una foto a la iglesia más roja e imponente del lugar, la Parroquia de la Preciosa Sangre.

Otras de las zonas de moda en Santiago es el barrio Italia, entre las comunas de Ñuñoa y Providencia, donde proliferan las tiendas de diseño, y los artículos retro se mezclan con las antigüedades. Con un origen en los principios del siglo XX, sus modernas galerías albergan en el interior desde pequeños cafés hasta tiendas de muebles, decoración, espacios gourmet o galerías de arte. Mientras que Concha y Toro es una pequeña joya capitalina, que aún conserva sus calles empedradas y antiguas mansiones de la primera mitad del siglo XX, dando testimonio de la riqueza y lujo de la época, donde acaudalados personajes hicieron sus fortunas con la industria minera. Hoy este barrio parece congelado en el tiempo al brillo de las casonas que se mantienen en torno a la plazoleta Du Pont (hoy llamada de la Libertad de Prensa).

 

Las compras y el “efecto argentino”

Mientras en Santiago esperan que en los próximos meses siga en aumento la llegada de turistas, sobre todo argentinos, para hacer compras, la ciudad está preparada para venta con centros comerciales en cada una de sus manzanas, shoppings y malls a pocos kilómetros del casco histórico. El Costanera Center, el shopping que tiene seis pisos y 400 locales, el Alto Las Condes y el Parque Arauco son los favoritos. Pero las tiendas multimarcas del estilo Falabella o Paris o bien los malls con locales exclusivos y outlets de las primeras marcas, también tienen sus adeptos y tours especiales para perderse allí todo el día.

Si uno quiere ver parte de la locura de las compras, recorrer un shopping un fin de semana es como hacer un master. Allí, buscando productos que se consiguen entre un 30 y un 60 por ciento más baratos que en nuestro país, uno se cruza con turistas que suben y bajan las escaleras mecánicas con sus valijas. Sí, mientras llevan a un hijo de la mano, la otra la utilizan para arrastrar la valija con rueditas donde van poniendo las ofertas que consiguen.

Los datos de la Aduana argentina ratificaron el fenómeno: se recauda un promedio de 1 millón de pesos diario por excedentes en las franquicias permitidas (US$ 300 en ingresos por avión y US$ 150 vía terrestre por persona mayor de edad).

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Fecha de hoy

15/08/2018

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