Machu Picchu, camino al pasado

Su nombre remite a reverencia: lugar sagrado del imperio inca, es uno de los destinos más visitados de Sudamérica y de los más impresionantes del Mundo. Te damos algunas pistas para un viaje inolvidable.

Por Diego Sánchez, especial desde Cusco / Si hay un sitio que deja perplejo al viajero, ese es Machu Picchu. Las ruinas de lo que fue parte del gran imperio de los Incas, al sur de Perú, invitan a sumergirse al pasado de una civilización que dejó una obra arquitectónica fascinante sobre la montaña, en medio de la selva nubosa.

Su mística, historia y la armonía que trasmite el paisaje hacen de su contemplación una experiencia única, relajante y cautivante. Es que la imaginación vuela intentando revelar cómo aquellas rocas fueron talladas y enclavadas a esas alturas (el promedio de altitud de la plaza principal del complejo es de 2.490 metros sobre el nivel del mar), orquestadas con una notable ingeniería que aún genera debate entre los investigadores. Si lo que quedó de Machu Picchu asombra ¿lo que debe haber sido en funcionamiento?
Elegida en 2007 como una de las siete maravillas del mundo moderno, el templo religioso o posada imperial de Pachacútec (primero de los gobernantes del Tahuantinsuyo entre 1438-1471, un reinado que comprendía desde el sur de Colombia hasta el noroeste argentino), es destino obligado en Sudamérica y símbolo turístico de Perú. Ya que fue en el promontorio rocoso de sus andes, sobre las montañas Machu Picchu y Huayna Picchu, que aquella civilización hizo su obra maestra y dejó su huella marcada para siempre.

Para llegar al Santuario, primero es necesario recorrer el Valle Sagrado de los Incas, una región que cuenta con otros numerosos monumentos arqueológicos y donde en otra época los monarcas “Hijos del Sol” gobernaban con sede principal en la bella ciudad de Cusco, a 112 kilómetros de Machu Picchu.
A continuación, algunos datos útiles que ayudarán al momento de emprender el viaje a uno de los sitios más extraordinarios del planeta.

Itinerario de ensueño

Ir hasta Machu Picchu es, de principio a fin, sin dudas apasionante. Desde Argentina, una posibilidad es volar a Lima, conocer la capital peruana al son de las olas del Pacífico y luego partir hacia Cusco, a unos 1.000 kilómetros de distancia. Ese traslado en micro demora unas 19 horas, por lo que se recomienda el avión (Star Perú y Avianca ofrecen interesantes promociones) para en poco más de una hora estar en una de las ciudades históricas del continente desde mucho antes del Virreynato del Río de La Plata.

Una vez allí, a 3.399 metros de altitud, en el corazón de lo que fue un colosal imperio, el Valle Sagrado de los Incas es la ruta a seguir. Dicho camino comprende la zona entre Písac, Urubamba y Ollantaytambo, a la par del río Vilcanota. Aunque los complejos arqueológicos están distribuidos en Písac, Chinchero, Moray y Ollaytaytambo, hay excursiones que salen desde Huambuto, al este, hasta Aguas Calientes, a los pies de Machu Picchi. En lo posible, también hay que visitar Qenko, Tambomachay, Maras y Choquequirao. La variedad es amplia y siempre depende del tiempo del viajero. Diversas empresas ofrecen los circuitos  y las encontrará a cada paso en suelo cusqueño. Si además del recorrido, se desea entrar al interior de los sitios, hay que abonar un pase general que cuesta unos 70 dólares.
Cusco, Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1983, se puede describir en su Plaza de Armas y sus pintorescas iglesias de estilo colonial; en sus tradicionales mercados de comidas y prendas típicas; en los vendedores ambulantes de todo género y edad; en el frenesí de su noche, que empieza con el convite casi acosador a los bares y termina en la madrugada cuando el sol releja sus primeros rayos en la figura esbelta del emperador Pachacútec, en la plaza central; Cuzco es tener que esforzarse para respirar luego de una escalinata por calles angostas y empinadas, algo que puede dejar sin aire al más intrépido de los viajeros (la clave para lidiar con la altura es tomar la píldora sorochi y descansar bien); es escuchar casi al oído el llamado a los masajes (14 dólares); es caminar por el barrio San Blas hasta el Cristo y allá, en lo alto, dirigirse a las ruinas de Sacsayhuamán, en las afueras de la ciudad.

Hoja de ruta
Desde Cusco parten tours hacia todos los puntos turísticos, con Machu Picchu como principal estrella. Pero para los más aventureros, nada mejor que hacer ese trayecto por su cuenta. Por tal motivo, dejamos algunas pistas para ello.

Una vez elegido el día para la visita hay que coordinar la compra del billete de ingreso con la movilidad, es decir, cómo llegar hasta la reserva nacional. Por eso lo ideal es consultar horarios y precios de los trenes (ver en www.perurail.comwww.incarail.com www.machupicchutrain.com), que se calcula en unos 130 dólares (ida y vuelta), y al mismo tiempo sacar el ticket a Machu Picchu en la Casa de la Cultura (en Av. Del Sol) o por Internet (www.machupicchu.gob.pe), a cambio de unos 50 dólares. Para agregar al paseo Huaynapicchu (montaña más alta del Santuario), la entrada debe adquirirse con anticipación debido a que los cupos son más limitados (para eso hay que desembolsar unos 86 dólares).

Boletos en mano, un posible periplo entre Cusco y Machu Picchu es ir hasta la calle Pavitos (entre Belen y Lechugal) y tomarse una de las tantas combis (por unos 8 dólares) que salen hasta Ollaytamtambo, desde donde parte el tren –único medio de transporte- hacia Aguas Calientes. Lo ideal es pernoctar en “Ollanta”, recuperar energías y por la mañana, bien temprano, estar en la estación ferroviaria listo para deleitarse de una hermosa travesía sobre rieles.

Una vez en el pueblo de Aguas Calientes hay dos opciones: subir hasta Machu Picchu en micro (unos 34 dólares, ida y vuelta) o hacerlo caminando. Si el estado físico lo permite, aconsejamos la segunda alternativa ya que es excitante escalar entre bloques de piedra y la frondosa vegetación. A medida que se trepa empiezan a visualizarse las primeras terrazas agrícolas, con el paisaje montañoso que gana espacio con la altura, con la humedad a flor de piel. Sin apuros, con los cuidados del caso (hidratado, con repelente y protección solar) en un poco más de una hora el visitante llega a las puertas de la llamada “Ciudadela”. Después sólo queda una cosa: disfrutar. 

Otra posibilidad es realizar el “Camino del Inca”, que tiene el paquete más clásico con un espectacular trekking de 4 días y 3 noches, con guías especializados para una experiencia fantástica por la naturaleza cusqueña (desde los 530 dólares y cubre traslado, indumentaria y comida). Pero más allá de cualquier elección, y si el clima ayuda, regocijarse con Machu Picchu es inolvidable. Y con algo de suerte, quizás el sol acompañe en la subida para luego las nubes, como jugando con el halo místico que envuelve al lugar, cubran los picos montañosos e inviten a la lluvia a darle un toque mágico a un sitio increíblemente encantador.  

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Fecha de hoy

20/06/2019

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