Porto de Galinhas: cerca del paraíso

En el nordeste del vecino país, Porto de Galinhas conquista con la serenidad de sus playas y el mar transparente. Una gran opción para buceo, pasear y el ocio.

Por Fernando Delaiti, especial desde Porto de Galinhas / En el tren que te lleva rumbo al lugar de tus sueños, sin dudas Porto de Galinhas es una de las últimas estaciones. A una hora de viaje hacia el sur de Recife, el principal balneario de Pernambuco es un encantador pueblo de pescadores con 18 kilómetros de arena blanca y fina, atractivas palmeras y un mar transparente a 28° C que se acerca más al espíritu caribeño que a lo habitual de Brasil.  

Desde playas desiertas a las que se puede llegar en buggy, pasando por un viaje en jangada por las piscinas naturales, hasta llegar a la adrenalina de las diversas modalidades de deportes náuticos, la región tiene once playas que agradan tanto a quien busca sosiego como aquel que es amante de la naturaleza salvaje.

Las piscinas naturales, el principal gancho turístico del lugar, son comunes en todo el litoral del nordeste, aunque en Porto de Galinhas están las más próximas de la costa, a apenas cinco minutos de la playa recorridos de jangada -una especie de balsa de vela-. El paseo, que cuesta unos 25 reales, se extiende por unos 30 minutos y uno allí puede disfrutar de una “especie de piletones” formados por los arrecifes de corales en los que cientos de peces multicolores quedan atrapados hasta la creciente. Para los turistas más aventureros o los miles pobladores que se quieren ahorrar la navegación, hacen el recorrido a pie, en fila india, con el agua a la altura de la cintura.

De cara al mar transparente, hay varias playas imperdibles para recorrer en buggy, el medio de locomoción más solicitado del pueblo y que permite admirar los paisajes mientras se siente el viento golpeando el rostro. Durante el tradicional paseo llamado “punto a punto”, los turistas recorren playas como Cupe -se puede hacer surf y ver el nacimiento de tortugas marinas-, Muro Alto -ideal para las familias con niños-, y Pontal de Maracaípe -reúne la desembocadura del río Maracaípe y un manglar en el mismo lugar-. El alquiler del buggy con chofer, que se puede hacer en los hoteles, tiene un costo de 200 reales por tres horas, o de 280 reales por seis. Pueden viajar hasta cuatro personas, lo que hace reducir considerablemente el valor.

 

Al agua

Porto de Galinhas es también la oportunidad para acercarse a deportes náuticos. Y lo bueno, es que hay para todos los gustos y audacias. Lo más tranquilo puede ser el Stand up, una práctica tradicional pero que se está haciendo furor en las playas de Brasil. Se trata de surf practicado de pie y utilizando remos. Para disfrutarlo, no hace falta contar con experiencia previa y es apto para personas de todas las edades. Cuesta unos 60 reales la hora con instructor.

En el otro extremo está el surf, con olas de 2 metros en playas como Maracaípe, y el kit surf, en el que se utiliza una plancha traccionada por una cometa. El deporte de origen francés mezcla técnicas de vuelo libre, windsurf, esquí acuático y surf, y permite a los más osados jinetear las altas olas.

Pero tal vez lo más interesante esté a mitad de camino en lo que respecta a la complejidad de aprendizaje: buceo. Los arrecifes de corales, las formaciones rocosas y los navíos naufragados son las atracciones que el visitante puede ver apenas debajo del agua. La mejor época para el buceo es de octubre a marzo, cuando las condiciones de visibilidad del agua llegan a diez metros en los arrecifes próximos a la playa y a 25 metros en mar abierto. El valor de una clase con instructor es de unos 280 reales y se extiende por tres horas. En caso que elija por esta opción, no dude en contactarse con Aicá Diving (www.aicadiving.com.br) y Michel Russi, un suizo que recorrió el mundo y se enamoró de una brasilera y obviamente de la ciudad. Tiene toda la paciencia y experiencia para aquellos que nos cuesta más familiarizarnos con las profundidades. 

Todos los gustos

La eclosión de los huevos de tortugas y la posibilidad de ver minúsculos caballitos de mar a centímetros de distancia parecen escenas de documentales ecológicos que, en Porto de Galinhas, el visitante observa al vivo. Además, en buggy, se puede llegar hasta  un inmenso baobab, un árbol de tronco masivo de 400 años y 4,5 metros de diámetro, plantado por esclavos africanos.

Y también merece un párrafo aparte la gastronomía del lugar. Entre tantas atracciones y emociones, el visitante tiene un inmenso abanico de bares y restaurantes para comer toda la variedad de pescado, mariscos y carnes exóticas que se pueda imaginar. Los costos varían según la calidad del restorán que uno elija, pero un precio medio de un arroz con camarones para dos personas y con bebida es de 110 reales.

 

El origen del nombre

Aunque la gallina se haya transformado en un ícono local en las calles y tiendas de artesanías, Porto de Galinhas (Gallinas) no recibió ese nombre por el comercio de las aves vivas. La historia se remonta al año de 1850, cuando la ley entonces en vigencia prohibía el comercio de esclavos en Brasil.

El desembarque clandestino en la región era común en el siglo XIX. Para combatir la práctica, se construyó el fuerte de la Gameleira, del que aún restan las ruinas frente al puesto de salvavidas de la ciudad. Los navíos atracaban con las bodegas llenas de esclavos y una forma de burlar la fiscalización era cubrirlos con jaulas de gallinas de Angola, que también era un ingrediente noble de la comida preferida de la Corte.

La seña secreta de la tripulación para los traficantes de esclavos era “hay gallina nueva en el puerto”, que significaba que una nueva remesa de esclavos había llegado de África. 

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Fecha de hoy

20/06/2019

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