Río de Janeiro, a todo color

La Ciudade maravilhosa es uno de los destinos más visitados del globo y aquí te acercamos una miniguía para recorrer sus sitios más representativos.

Por Diego R. Sánchez, especial desde Brasil / No importa la época del año, Río de Janeiro siempre conquista al viajero. Una y otra vez lo seduce con su paisaje, mezcla de mar, morros y urbe, y también con su espléndido capital cultural fruto de la historia brasileña y de la infinidad de extranjeros que transitan por la ciudad de las playas y la samba, una de las capitales turísticas de Sudamérica y uno de los destinos más visitados del planeta.
Conocida mundialmente por sus majestuosos carnavales -que dependiendo del año se efectúan en febrero o marzo-, Río no se apaga con el último baile del Sambódromo, sino todo lo contrario, allí se enciende. Aquello es solo una de las tantas atracciones que se pueden encontrar en territorio carioca, que cuenta con la mayor circulación de turistas internacionales del país. Porque Río, la segunda ciudad más populosa de Brasil con una población -en la región metropolitana- de casi 12 millones de habitantes, es un lugar para visitar durante todo el año y que ofrece diversas alternativas turísticas.
Y si el camino pasa de distritos residenciales a favelas, de barrios históricos a zonas turísticas con albergues para todos los bolsillos, con todos sus contrastes a cuestas, Río de Janeiro ostenta mucho más que arena y sol. Claro que con un clima tropical atlántico, la ciudad convive con temperaturas que en verano superan los 35 grados. Y en invierno, en los meses más fríos, la media es de 18-27, con lo cual la playa es una escapada habitual. 

De las playas al Cristo
La franja balnearia, un cordón que abarca el área de Copacabana, Ipanema, Leblón y Barra de Tijuca, en la zona sur, es la referencia para aplacar el calor, bañarse, surfear, caminar o simplemente descansar en las playas.
La popular Copacabana, ubicada en el barrio del mismo nombre, es una de las más concurridas. Allí, desde Leme hasta el “Forte”, un antiguo fuerte militar, el fútbol no pasa desapercibido entre bikinis, sungas y sombrillas. 
Los vendedores ambulantes, músicos y artistas de la arena resaltan ante los ojos de propios y foráneos, a los pies de una costanera dibujada por las históricas veredas denominadas en portugués “calçadão”, pasadizo peatonal recurrente para la caminata. A la par, un estupendo sistema de ciclovías es la ruta ideal para ejercitarse, andar en patines y, claro está, maniobrar una bicicleta y pedalear por las avenidas Atlántica y Vieira Souto.
Desde la Ensenada de Botafogo, otro sitio de ocio y relajación, el estelar Pan de Azúcar se roba las miradas. El morro, situado en la boca de  la Bahía de Guanabara, brinda una vista magnífica. Un teleférico, el "bondinho" (ver más en www.bondinho.com.br), recorre los 1.400 metros entre los promontorios de Babilonia y Urca para alcanzar los 396 metros de altura y disfrutar del paisaje. No hay que perderse una vuelta por el bellísimo Lago Rodrigo de Freitas, conocer el Jardín Botánico, subir a la  Piedra Gavea -un monolito de 842 metros con una perspectiva colosal de la ciudad- y descubrir los exóticos senderos y cascadas del inmenso Parque Nacional Tijuca, con 3.300 hectáreas de forestación y relieve montañoso.

Dentro de esa enorme área, y como parte de la urbe, el Cristo Redentor, en la cima del cerro Corcovado, es uno de los espacios más requeridos. Inaugurado en 1931, el monumento de 38 metros y 1145 toneladas de granito es uno de los íconos representativos de Río, a quien contempla desde lo alto. Elegido por la Unesco en 2007 como una de las siete maravillas del mundo moderno, la obra se divisa desde toda la metrópoli. A su base, de 713 metros, se llega luego de hacer un tramo en tren y otro por ascensor o caminando, para arribar a una plataforma y obtener una panorámica excepcional. Para evitar colas y esperas, mirar antes en www.corcovado.com.br.   

Del mar al centro
Además del relax de la arena y las olas, por la tardecita llega la hora de la cena. Por lo tanto, después del mar o los tours, los restaurantes se llenan de comensales en busca de camarones, una picada de “peixe” (pescado) y también para deleitarse con una clásica caipirinha o una cerveza bien fría.
Después, las atracciones son variadas en la agitada vida nocturna. Pubs y discotecas en Copacabana o Ipanema pueden ser una buena salida. Pero para convivir con el verdadero sentir carioca, una excelente elección es ir a Pedra do Sal, uno de los sitios más bohemios y simbólicos de la ciudad, que late al compás de la rueda de samba y el choro -género de la música popular brasileña- en vivo, al aire libre y con entrada gratis.  
Muy cerca de allí, en el centro urbano, el barrio de Lapa ofrece un espectáculo particular, donde conviven los puestos de comidas y bebidas, el baile en las calles al ritmo de samba y forró, y donde abundan los bares y discos para todos los gustos, con artistas de toda especie.
De día el polo céntrico, con cuantiosos comercios y edificios históricos, como la Catedral de San Sebastián, el Teatro Municipal, el Museo de la República o el Museo de Bellas Artes, invitan al paseo. Incluso a unos minutos a pie, Lapa cambia su atmósfera nocturna para mostrar toda su bohemia de ayer y hoy, desde sus clásicos Arcos -que antiguamente servían para abastecer de agua a la ciudad-, inaugurados por los portugueses en 1750, hasta la famosa Escalera de Selarón, que cuenta con más de dos mil azulejos con distintos grabados de más de sesenta países. Son 215 escalones en 125 metros, para después seguir rumbo a Santa Teresa, barrio donde los vestigios de la época colonial transportan al viajero a otro tiempo.
 

De templos y favelas
En la zona noroeste, la cita obligada es el mítico y renovado estadio Maracaná. Desde el preciso momento en que se sale del Metro -que recorre los principales puntos de la urbe- la imagen de Garrincha y Zico pintados en la pared debajo del puente de ingreso al gigante de cemento emocionan al fiel futbolero, que de repente levanta la cabeza y vislumbra a pocos metros uno de los templos sagrados de la pelota. A las espaldas queda el morro de Mangueira, favela distinguida por su “escola de samba”. Respecto a las emblemáticas favelas de Río, hay fiestas y tours armados a su interior -como a laRocinhapor ejemplo-, aunque es mucho más interesante internarse en ellas con alguien local para conocerlas mejor.
Los miedos y preconceptos de Río de Janeiro deben dejarse de lado. En cuanto a la seguridad hay que tomar los recaudos necesarios, pero como en cualquier gran urbe.
En definitiva, la belleza y calidez que emana hacen que la Ciudade Maravilhosa siga enamorando a los que la visitan de la misma forma que lo hizo con los portugueses cuando en enero de 1502 desembarcaron en la Bahía de Guanabara. Es simple, Río sencillamente fascina a todo viajero.

LA GUÍA

Cómo llegar
Desde Buenos Aires hay vuelos directos desde Aeroparque y Ezeiza. Aerolíneas Argentinas, Tam y Lan ofrecen pasajes diarios desde unos 4.100 pesos.

Dónde dormir
Un habitación en un hotel tres estrellas en Copacabana se consigue a 700 pesos. Hay mejores precios, aunque hay que alejarse de la zona sur. Un dormis (pieza compartida) se obtiene a partir de los 120 pesos.

Qué comer
Un plato de filete de pescado (“peixe”) o pollo (“frango”) con feijao (porotos en salsa), papas fritas o ensalada y arroz se paga a partir de 25 reales. Los salgados (especie de empanada) empiezan en 4 reales. Una pizza con una gaseosa sale 39 reales.

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Fecha de hoy

20/06/2019

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