En Boston se respira elegancia

Conocida por la prestigiosa Universidad de Harvard, la capital de Massachusetts tiene mucho más para ofrecer: barrios de arquitecturas distinguidas, pintorescos mercados y paseos culturales imperdibles.

Por Florencia Abelleira, especial para De Viaje / Cuando el avión comienza el aterrizaje Boston se descubre cual postal tentadora como una mini Nueva York mirada desde la Estatua de la Libertad. El río Charles está quieto y mece a unos cuantos veleros blancos que miran hacia una hilera de edificios refinados. La ciudad de Estados Unidos parece una maqueta de arquitectura: las calles prolijas, las construcciones minuciosamente planeadas y la “gente de clase”. Allí se mezclan las predominantes raíces irlandesas, los pintorescos mercados donde comprar recuerdos y degustar comidas al paso y los estudiantes, músicos y artistas de las universidades más prestigiosas del mundo. La capital del estado de Massachusetts es también la cuna del turismo histórico conformado por los paseos culturales donde se aprende sobre los comienzos de Boston, mujeres y orígenes afro.

Por su tamaño relativamente pequeño -tiene unos 600 mil habitantes- Boston es una walking city, una ciudad que puede recorrerse a pie. Uno de los tours más lindos y completos es el Freedom Trail (Paseo de la Libertad), en el que el viajero se sumerge en el distintivo bostoniano: su aporte en la independencia de los Estados Unidos. Las huellas que dejaron los enfrentamientos que transcurrieron en la pequeña colonia hacia mediados del siglo XVIII entre los puritanos y los ingleses, se reflejan en los íconos que representan la Antigua Casa de Reuniones, la capilla del Norte, el Fanehuil Hall y la casa de Paul Revere, la vivienda más antigua de la ciudad construida por 1680. Esta casa que perteneció al prócer conocido por ser el mensajero que advirtió sobre la llegada de los británicos a tierra norteamericana, merece una visita para sentir cómo vivía la gente en aquella época tan hostil.

"Acuérdense de las mujeres y sean más generosos y benévolos con ellas que sus ancestros", escribió Abigail Adams en 1776. Ella es una de las protagonistas de las más de 80 mujeres que el paseo Women's Heritage (La Herencia de las Mujeres) rinde homenaje. A través de memoriales, estatuas, historias y monumentos repartidos por toda la ciudad, se reivindica el lugar que ocuparon las mujeres de Boston opacadas en ese entonces por no poder involucrarse activamente en la política. Pero la desigualdad no fue sólo de género, sino también de razas. Esta zona del país no está ajena a las trágicas épocas donde los negros eran esclavos y más tarde, una vez libres, fueron -y todavía son- víctimas del racismo y la xenofobia. Pero a pesar de ello, no se puede pasar por alto el fundamental rol que tuvieron en los cimientos de la nación. El Museo de Historia Africana-Americana es un buen comienzo para recorrer los 14 lugares más representativos de las raíces negras y de la lucha por la abolición de la esclavitud. La iglesia de negros más antigua y la Casa Africana de Reuniones son dos de los imprescindibles sitios para sumergirse en la cruel vida de esta población. 

Variedad pero de clase

Boston también se puede conocer en bicicleta y recorrer sus numerosos barrios tan distintos entre sí, como la famosa Little Italy (Pequeña Italia) que fue el primero que se formó en los Estados Unidos y hoy también es el más residencial. Este conjunto de calles céntricas y el hecho de que Boston es una de las ciudades más viejas del país, le dan un particular estilo europeo que no sólo se siente en la arquitectura, sino también en algunas calles adoquinadas y delgadas que serpentean en distintas direcciones.

También está el vintage Back Bay, conocido por sus edificios de variados estilos arquitectónicos y por las residencias victorianas de enormes jardines que fueron las más codiciadas desde mediados de 1800. Sobre la calle Newbury, hay unas ocho cuadras muy atractivas ideales para ir de shopping sin importar el dinero con que se cuente porque hay marcas para todos los bolsillos. Por último, se encuentra Beacon Hill, un histórico y también aristocrático barrio de la ciudad en el que se destacan sus lámparas de gas, árboles arcaicos, veredas de ladrillo, y grandes residencias construidas entre los años 1800 y 1850. El detalle: hay varias casas de antigüedades donde revolver en busca de reliquias.

Beacon Hill también tiene los pulmones verdes de la ciudad: el Common Park, que es el parque más viejo del país y junto a él está el Public Park donde están los tradicionales swan boats, unos barcos muy vistosos que tienen un cisne en su cola y se convirtió en una costumbre recibir la primavera dando una vuelta en ellos por el lago.

 

Saber a flor de piel

Boston es una ciudad con uno de los mejores nivel de vida y es, además, la cuna del conocimiento académico. A tan sólo media hora de viaje en metro, cruzando a la vecina Cambridge, se encuentra la universidad más prestigiosa del mundo. Enorme, majestuosa y ancestral, por los caminos que unen cada uno de los edificios que componen Harvard se siente una atmósfera de intelectualidad y juventud. De esta casa de estudios donde el año curricular cuesta unos 40 mil dólares, egresaron siete presidentes de Estados Unidos y fueron otorgados más de 40 premios Nobel.

El campus es inmenso, pero sin la ansiedad de querer recorrerlo todo, uno tiene que dejarse llevar por los caminos que desembocan en bibliotecas, museos, capillas y hasta en clases que se están dictando al aire libre o conferencias a las que se puede asistir de manera gratuita. Lo lindo del paseo es que tiene mucho verde, mucha tranquilidad y se desmitifica la popularizada vida de estudiante que muestran muchas películas hollywoodenses.

 

Deportes, compras y playa

Cuando el equipo de béisbol Red Sox juega, los bostonianos pueden hacer cola por tres o cuatro horas para entrar al mítico estadio Fenway. Tanto como acá vale la pena experimentar lo que vive un hincha de fútbol en un clásico del domingo, allá uno debe disfrutar de un partido de béisbol en lo alto de las tribunas de asientos angostos y antiguos que datan de 1912 cuando se inauguró el estadio. Desde abril hasta septiembre se puede ver a los Red Sox; caso contrario, hay tours para recorrer el campo de juego y comer el famoso hot dog de Fenway Frank que se sirven con mostaza y salsa picante.

Cerca de allí se encuentra el Quincy Market, ideal para ir a almorzar y elegir entre muchos puestos de comida de todo tipo mientras se aprecian artesanías y negocios de chucherías. Por fuera del mercado hay bazares con objetos para el hogar súper originales, librerías, bares y malabaristas y artistas callejeros entreteniendo a la gente.

Boston es indudablemente una ciudad para disfrutar de sus lugares al aire libre, por eso es preferible planear un viaje en las estaciones de clima templado. Si uno de los días de la estadía es muy caluroso, hay que aprovechar Carson Beach, una playa desconocida para el turismo pero muy acogedora. A menos de una hora en metro hacia el sur, una pequeña bahía está esperando a los viajeros para que se tiren en la arena a esperar que se ponga el sol sobre sus aguas tranquilas.

video

Descargá el suplemento

Fecha de hoy

17/10/2017

tweets recientes