48 horas en Colonia del Sacramento

Conocida por sus antiguas calles empedradas y su arquitectura colonial, la ciudad uruguaya ofrece hermosos paisajes sobre la costa del Río de la Plata.

Colonia del Sacramento, un pueblo uruguayo de pocas calles, casi todas empedradas, playas sobre el río, buena gastronomía y vida nocturna, es el lugar ideal para una escapada fugaz. A poco más de una hora en barco, los argentinos pueden disfrutar de este paisaje sereno y colonial, con un muy cuidado barrio histórico que fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1995 y la fusión de culturas y estilos portugués, español, holandeses, franceses, suizos e italianos.

La ciudad es, ante todo, un crisol de culturas. De hecho, se dice que su nombre hace alusión directa al paso de manos que vivió: fue colonia portuguesa, varias veces tomada por los españoles y también fue presa del dominio brasileño. Es así que Colonia del Sacramento mezcla en sus calles y construcciones la fusión de diferentes estilos arquitectónicos. Si bien es un destino para descansar y disfrutar sin apuro, dos días es un buen tiempo para conocer los principales rincones de esta romántica ciudad.

La Plaza de 1811, frente al Portón de Campo en la muralla, marca el ingreso al casco histórico. Dentro de los muros, la zona emplazada en el extremo occidental de la ciudad, encanta con la fusión de estilos ibéricos que conserva la identidad arquitectónica de su pasado colonial. Las diez cuadras de largo por cinco de ancho, a la ribera del Río de la Plata poseen un espíritu de otros tiempos, cuando el portugués Manuel Lobo fundó la ciudad en 1860. Pero hay que destacar que hasta 1968, Colonia era solo ruinas, destrucción y abandono, y era conocido como “el pueblo de las prostitutas”. Ese año el presidente Jorge Pacheco Areco asignó los recursos para recuperar el Barrio Histórico, que hoy es Patrimonio Mundial.

Dentro del casco hay diferentes secretos por descubrir. Uno de ellos, y donde cada viajero se toma la típica postal, es la famosa Calle de los Suspiros. Del siglo XVII, se encuentra rodeada de casas rosadas con techos de enmohecidas tejas. Cuentan los guías locales que era la calle donde, en tiempos coloniales, se reunían "las mujeres de los besos fáciles", muchachas que ofrendaban suspiros de placer a marineros y soldados huérfanos de amor de alcoba. Otra versión, menos sugestiva, indica que el nombre del callejón se debe a que por allí desfilaban los condenados a muerte; allí se abatían sobre ellos los suspiros de la agónica espera.

Otra visita obligada es el Faro. Al ser una ciudad disputada entre coronas europeas, Colonia del Sacramento fue durante años escenario de batallas navales. La inexistencia de un faro generaba tal cantidad de naufragios que en 1855 terminó por construirse uno. Hoy este se encuentra sobre las ruinas del convento San Francisco Xavier. Se puede subir hasta su punto más alto y asombrarse con los increíbles paisajes que se observan desde allí. Ideal para tomar fotos y también reflexionar mientras el viento golpea sobre nuestro rostro.

Las callejuelas de esta zona del pueblo de 26 mil almas, están colmadas de pulperías, bares y cafés con mesas bajo las copas de árboles añosos donde tomar una Pilsen helada. Detrás de cualquier puerta hay un restaurante o tiendas de artesanías y recuerdos, ateliers o alguno de los museos que narran la historia del lugar. El “Museo del Período Histórico Portugués”, el “Museo Casa Nacarello” o el “Museo Indígena Roberto Banchero” son algunos de los más visitados.

Sin embargo, el que no puede faltar en nuestra visita es el Museo del Azulejo, ubicado en un pintoresco rancho portugués de más de 300 años de vida. Allí se exhibe una colección privada de azulejos de distintas procedencias: franceses, catalanes, valencianos, napolitanos y locales. De colores blanco, celeste y azul en su gran mayoría, uno los puede luego encontrar en diferentes rincones de la ciudad indicando el nombre de las calles o en la forma de souvenires que se consiguen en la feria artesanal.

También es posible visitar el Museo Municipal. El mismo se ubica en una casa portuguesa al otro lado de la Plaza Mayor y cuenta en su exhibición con un antiguo material que perteneció a la cultura indígena del país. Cuenta además con una colección sobre el torero que hizo delirar a multitudes en las corridas de toro de Colonia entre 19010 y 1912, Ricardo Torres “Bombita”.

Instalado en un antiguo fuerte de 1880, a orillas del Río de la Plata, el “Bastión del Carmen” es un centro cultural que funciona como teatro y centro de exposiciones, y concentra gran parte de la oferta cultural y artística de Colonia. En la actualidad presenta una variada gama de espectáculos diarios de danza, ballet, con músicos nacionales o extranjeros.  

La zona residencial ubicada al oeste de la península y del casco histórico nuclea varios hoteles, una Plaza de Toros y el muelle vecino a la Rambla de las Américas, ideal para recorrer la costanera. Es conocida también como Complejo Turístico Nicolás Mihanovich, en honor al argentino pionero de la actividad turística en Uruguay, quien creó en esta porción de sus tierras el Proyecto Real de San Carlos.

Sin duda que la “Plaza de Toros” es el atractivo de esta zona. Con partes metálicas traídas de Francia para construir paredes, escaleras y portones, se inauguró en 1910 para corridas de toros en Colonia. Antes de la prohibición de las actividades taurinas dos años después, se llevaron a cabo allí más de ochenta corridas. Muy similar a las plazas de toros de España, conserva los tradicionales arcos y algunos detalles de circunferencia.

Frente a esta plaza está el Museo del Ferrocarril, un lugar divertido y con mucha historia. Se encuentra donde supo funcionar la vieja estación de trenes cuando la plaza de toros se encontraba activa. Si se visita sobre el mediodía uno puede almorzar en un particular restaurante, montado sobre un viejo vagón de tren acondicionado y ambientado de la época del 1900.

Del otro lado de la plaza vamos a encontrar un poco más alejado de la circunvalación el Museo de los Naufragios y Tesoros de Colonia. Para los fanáticos de los piratas, tiene una réplica de gran exactitud de un barco pirata del XVIII. Además de esto se pueden conocer muchas historias y leyendas sobre piratas y leyendas de tesoros que se dieron durante las guerras por la “conquista” de estas tierras entre españoles y portugueses.

 

TU GUÍA

Cuánto cuesta

Un viaje en buque a Colonia, ida y vuelta, está 1292 pesos por Seacat Colonia. Si la idea es comprar un paquete con pasaje, excursión y vianda para ir y volver en el día, arranca en los 1500 pesos. Un paquete con buque y dos noches en hotel cuatro estrellas ronda los 4.000 pesos por persona. 

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Fecha de hoy

16/12/2017

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