Mar del Plata, con brillo eterno

La ciudad costera se reinventa para el invierno. Con aires señoriales y lejos del bullicio, uno puede tener una mirada diferente de sus históricos rincones.

Amada por millones, deseada por todos. La Rambla, el puerto, los teatros, sus museos, el centro, su comida, el casino. Mar del Plata es eso, y mucho más. Lo tiene todo, o casi, y lo que no, lo inventa para renovarse cada año y no sólo ser un destino de playa, sol y arena. La ciudad de la costa atlántica, desafía al frío y también el invierno termina siendo una época ideal para disfrutar de sus virtudes.

Si bien “La Feliz” es extensa, hay una serie de lugares que son ideales para recorrer con calma. Sobre las calles Peatonal San Martín, Rivadavia y sus adyacentes se concentran galerías comerciales, infinidad de negocios de todo tipo, salas de cine y teatro, cafés y restaurantes de exquisitas especialidades. Un buen inicio para esta caminata puede ser la Plaza San Martín, que cuenta con importantes obras escultóricas, algunas de ellas centenarias. Frente a esta podemos observar la Catedral de los Santos Pedro y Cecilia, de estilo neogótico, con el sello del arquitecto Pedro Benoit y construida entre 1892 y 1905. En su interior se destacan la magnífica araña central de cristal de Baccarat y bronce, vitraux traídos de Francia, el órgano de procedencia italiana, y la réplica de “La Piedad” de Miguel Ángel en el atrio. Desde allí, lo ideal es bajar rumbo a la playa, y aunque sea invierno, hay que animarse al viento.

En La Rambla, frente a la famosa y popular Playa Bristol, no pueden dejar de verse el Casino Central y el Gran Hotel Provincial, que supo alojar al ex presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt y al actor Paul Newman. Ambos edificios son marcas registradas de la arquitectura marplatense del siglo pasado. Allí, las dos grandes esculturas de lobos marinos completan la tradicional postal que todo turista desea tomar. Frente al Casino está la Plaza del Milenio, con su Fuente de Aguas Danzantes. Y ya que estamos en la zona, hay que dedicarle unos minutos a las medialunas de la confitería Boston, otro clásico.

Por el boulevard Peralta Ramos, paralelo al mar, en dirección sur se llega a la loma Stella Maris, que concentra otros importantes edificios y museos. Allí está desde 1904 el Torreón del Monje, un complejo con restaurantes y confiterías con una bellísima vista panorámica. En el barrio también se encuentran la Capilla Stella Maris, de estilo neogótico ecléctico, y la Torre Tanque de Obras Sanitarias, con un mirador a casi 80 metros sobre el nivel del mar, desde donde puede verse la ciudad. “También al caminar por esa zona está el Museo del Mar, un infaltable que  hay que visitar. Es amplio, generoso, siempre tiene alguna muestra y es de acceso gratuito”, cuenta a De Viaje el titular del Ente Municipal de Turismo (EMTur), Mario Marchioli. 

A unos 2 kilómetros de estos atractivos, uno ingresa al barrio residencial Los Troncos, que  atesora mansiones de estilo europeo y es un paseo en sí mismo. Allí, además de maravillarse con las construcciones privadas y señoriales, hay un sitio infaltable: Villa Victoria, la antigua casa de veraneo de la escritora Victoria Ocampo, hoy convertida en centro cultural. “Yo he ido cientos de veces, sigo entrando a esa casa y me sorprendo con lo que tiene, con la historia que la atraviesa”, dice Marchioli. Es que esa mansión “prefabricada”, hoy sede de espectáculos, exposiciones y cursos (algunos gratuitos), es única en Mar del Plata. Los Ocampo la ordenaron por catálogo a Europa, y su diseño es igualito al que se usaba en las colonias inglesas. Se construyó en madera y el cielorraso está realizado en lona pintada. Victoria pasó allí largos veranos en compañía de varios integrantes de la revista Sur. Es ideal, además, para degustar un rico té.

Tras un paso por Villa Mitre, sede del interesantísimo Museo Histórico Municipal Roberto Barili en el que uno puede rastrear los primeros pasos de la ciudad, la siguiente parada es la Casa del Puente, a un par de cuadras de allí. De estilo moderno, fue diseñada por el arquitecto Amancio Williams para su padre, el músico y compositor Alberto Williams. La obra -construida en hormigón y decorada con piedrilla roja de Olavarría- fue concebida a partir de una estructura espacial que se desprende del suelo, formando un arco que une las orillas del arroyo Las Chacras y cuyo interior se eleva a las copas de los árboles, recalcando así la importancia de lo visual, de adentro hacia afuera. “Hasta el Museo Moma de Nueva York le hizo un homenaje”, detalla el titular del EMTur. 

Comer y beber

Otro de los atractivos de la ciudad tiene que ver con la cocina. “La pastelería y las pastas frescas son increíbles en cualquier restorán. La mejor medialuna está acá, y lo mismo pasa con los pescados”, dice Marchioli. Y claro que si uno piensa en éste “último rubro”, el puerto es el lugar más elegido. Entre lobos marinos o un paseo en lancha, uno puede hacerse un espacio para degustar unas rabas, los cucuruchos de cornalitos fritos o algunos de los platos clásicos de mariscos. Pasear por allí luego de comer un rico plato nos puede llevar a sacar una pintoresca foto en esa especie de cementerio de barcos o bien a visitar el Museo del Hombre del Puerto, guardián de fotografías, objetos, documentos y expresiones artísticas relacionados con el lugar y su gente.

Pero poco a poco, Mar del Plata se está transformando en la capital de la cerveza artesanal. Y ese es otro de los orgullos de los locales. Con unos 20 bares a la calle y una quincena de fábricas asentadas -en los que se vende y produce exclusivamente cerveza artesanal-, esta ciudad se ha posicionado como una de las que mayor oferta de calidad y diversidad tiene en el país. En total hay tres circuitos cerveceros que se pueden recorrer: Güemes, Irigoyen e Imperdibles. Además, esta ciudad tiene fama, y bien ganada, por sus dulces y alfajores. Y estando allí no podremos resistirnos.

Pero tanta comida y bebida nos obliga a un poco más de naturaleza para quemar grasas. Para cambiar un poco el aire, las coníferas, los sauces, los eucaliptus, los álamos y los rosales del Bosque Peralta Ramos son ideales. Al traspasar estas fronteras, queda atrás el ruido y se abren 450 hectáreas semiurbanizadas donde el principal sonido que se escucha a toda hora es el canto de los pájaros y el color que predomina es el verde. Pero lo más particular que tiene este bosque -creado por el hombre a mediados del siglo pasado- es que su población convive en armonía con la naturaleza y, aunque la urbanización crece a diario, la opción por vivir en este reducto verde siempre está ligada a tener otro estilo de vida.

En una visita a “La Feliz” siempre nos quedará algo por descubrir. Lo bueno, en todo caso, es regresar, y así tener revancha. 

video

Descargá el suplemento

Fecha de hoy

23/08/2017

tweets recientes