Donde nació un país libre

San Miguel de Tucumán cautiva por su vínculo con nuestra Independencia pero también por los edificios coloniales y su impactante parque 9 de Julio.

Situada a los pies de la empinada sierra de Aconquija, San Miguel de Tucumán, conocida como “El Jardín de la República”, es una de las ciudades más antiguas de Argentina donde aún hoy en su perfume, edificios coloniales y en su riquísima cultura, se respira la Independencia. Y a ese pasado histórico se suma un valioso patrimonio arquitectónico, parques y plazas emblemáticas, una gastronomía en constante crecimiento y la posibilidad de hacer escapadas hasta el cerro San Javier.

El inicio del recorrido por lo general es la Plaza Independencia, envuelta por su aroma de azahar de los naranjos envuelve y por edificios ilustres de tradicionales familias tucumanas. Su sello distintivo es la estatua de la Libertad que se eleva en el centro: obra de la genial escultora tucumana Lola Mora, que la realizó por pedido del entonces presidente Julio Argentino Roca, y fue inaugurada en 1904.

Frente a la plaza está la imponente Casa de Gobierno, bajo un estilo del barroco francés y del clasicismo italiano, se construyó entre 1908 y 1910 para remplazar el antiguo Cabildo. En el interior, reposan los restos mortales de Juan Bautista Alberdi. Justo al lado se ubica la mencionada Casa Padilla, una casona de 1860 que perteneció a don Ángel Cruz Padilla, intendente de la ciudad, que donó su casa. Hoy convertida en museo, representa lo que se conoce como “casa chorizo”, con 15 habitaciones que rodean cuatro patios sucesivos.

Dentro del mismo circuito, si uno gira su cabeza podrá apreciar una de las tres iglesias más antiguas del país: la Catedral de la Encarnación María, construida a principios del siglo XIX por Pedro Delgare Echeverri, un arquitecto francés que le imprimió el estilo neoclásico. Sus torres se coronan por cúpulas y es en una de ellas en donde se encuentra el reloj que pertenecía al Cabildo de Tucumán. Las pinturas del interior fueron realizadas por el pintor francés Félix Revol.

Otros de los paseos que elijen los turistas son el Convento de San Francisco y el Museo Nicolás Avellaneda. Construido en 1767, el Templo fue hospedaje de varios congresales en 1816, y sirvió también de refugio a las tropas militares de Manuel Belgrano y José de San Martín. Entre sus reliquias está la primera bandera que flameó en Tucumán y la mesa y sillones utilizados por los congresistas de 1816. El museo, entretanto, era un punto de encuentro de la sociedad tucumana. Lo llamaban la “casa de las 100 puertas” porque ese era el número real de puertas que tenía y, curiosamente, carecía de ventanas. Fue construido en 1835 por el francés Pedro Etcheberry y es uno de los pocos edificios que se conserva prácticamente intacto. 

A pocos metros de la plaza, sobre una calle angosta y transitada, la Casa de la Independencia de 1816 forma parte del Paseo de la Independencia. La cuadra de Congreso ahora es peatonal y cobija puestos de artesanías, asientos y carteles que refrescan la memoria. Es, sin dudas, el mayor atractivo turístico de la ciudad, tanto por su importancia histórica como por su excelente museo y la belleza de su arquitectura. Es una típica edificación colonial de fines del siglo XVIII que fue demolida en parte durante 1903 y reconstruida en 1943, a base de fotografías y documentos de la época.

El recorrido por la casa lleva no menos de dos horas, y si bien no se pueden sacar fotos en su interior, en cada retina quedan los innumerables objetos de aquella época. Entre los que más llaman la atención están los sillones que pertenecieron a Belgrano, así como el clavo del que pendía el dosel donde se hallaba el Acta de la Independencia. Sin embargo, el libro original se perdió en 1820 y hoy se conserva una copia que se hizo a fines de julio de 1816. El Salón de la Jura, el testimonio histórico más importante de la casa, es el único que conserva la estructura original del siglo XVIII y exhibe 28 retratos de los congresales que participaron en las sesiones independentistas.

Con una entrada de tan sólo diez pesos, el turista puede recorrer cada rincón de la casa y sus tres patios, en cuyo tercero, que tiene salida a la calle 9 de Julio, se aprecia en sus paredes los valiosos relieves de bronce de la escultora Lola Mora hechos en 1904.

Finalmente, si nos alejamos seis cuadras de la Plaza Independencia, llegamos al Parque 9 de Julio, un refrescante pulmón verde de la capital tucumana. Allí predominan los jacarandaes, complementados por limoneros, ceibos, paltas anisadas, mangos y nísperos. Tiene más de cien hectáreas, fue inaugurado en 1916, por el Centenario de la Independencia, y es obra del arquitecto y paisajista Charles Thays. El diseño sigue los lineamientos del paisajismo inglés del siglo XVIII, y a medida que el visitante avanza llega como por arte de magia a las fuentes, a un reloj floral, el rosedal, el lago San Miguel y varias esculturas traídas de Europa.

Dentro del parqué está el Museo de la industria azucarera, un típico solar rural del tiempo de Juan Manuel de Rosas. Allí vivió el obispo José Eusebio Colombrés, congresal de 1816 y fundador de la industria azucarera. Se puede ver el primer trapiche azucarero de la provincia, hecho de quebracho, entre otros valiosos objetos históricos. 

GUIA

Cómo llegar

Desde Ezeiza hay vuelos de Aerolíneas a la capital tucumana por 2200 pesos. En tren, desde Retiro el costo es muy económico. Aunque se deben sacar con varias semanas de anticipación debido a la gran demanda. En auto desde Azul a San Miguel de Tucumán son 1400 km., mientras que de Necochea unos 1750 km.

Cuánto cuesta

Un hotel tres estrellas como Francia, a metros del centro histórico, tiene la habitación doble por noche en 476 pesos. Uno cuatro estrellas como el Bicentenario está 811 pesos.

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Fecha de hoy

11/12/2017

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