“Darme cuenta que siempre me estoy despidiendo de la gente es muy duro”

La periodista y fotógrafa Aniko Villalba analiza la otra cara de vivir viajando en su segundo libro, “El Síndrome de París”. En diálogo con De Viaje cuenta algunos secretos de su último recorrido por Europa y Sudamérica.

Cuando en 2008 terminó la carrera de Comunicación Social, se decidió a hacer un cambio en su vida. Eso con lo que muchos fantasean, vivir viajando, ella lo convirtió en realidad. Esquivó los comentarios de aquellos que le decían que era peligroso andar por el mundo siendo mujer, que estaba loca o directamente que nunca iba a tener un novio, y armó su equipaje para desafiar a los continentes. Ocho años después, Aniko Villalba, ya visitó 40 países, recorrió unos 100 mil kilómetros, tiene casi 60 mil seguidores en Facebook y escribió dos libros. 

La periodista, bloguera y fotógrafa argentina, musa para muchos viajeros, aprovechó su última gran recorrida por Sudamérica y Europa para volcar en una obra de 256 páginas su experiencia llena de anécdotas y recuerdos. Pero a diferencia de su primer libro, “Días de viaje. Relatos en primera persona”, en su segunda obra, "El Síndrome de París", se mete con el Lado B de la vida nómade que lleva.

 

¿Qué recorrido hiciste en tu escritura para llegar a este libro y por qué elegiste ese título?

Si bien el síndrome es de París, el libro no trata sólo de París. Como existe el síndrome de Estocolmo o el de Jerusalén, es algo que les pasa a algunos que visitan por primera vez la capital francesa. Tienen una idea romántica y perfecta de la ciudad, la imaginan como el lugar de la bohemia, del arte y cuando llegan se encuentran con una ciudad grande, normal, ruidosa, acelerada y eso le genera mucha desilusión. Y los que sufren el síndrome van un paso más allá y pueden sufrir depresión. Cuando yo escuché esta historia me gustó mucho el concepto del síndrome de París, como algo que se puede aplicar a la vida en general. A veces uno tiene sueños que cree que si los cumple, su vida va a ser perfecta y después se da cuenta de que no. Y es un poco lo que me pasó cuando decidí que quería vivir viajando. En un principio pensé que mi vida iba a ser perfecta, que nunca iba a estar triste y después de hacerlo muchos años me di cuenta que tiene su contracara. 

 

¿Vivir viajando tiene como los medicamentos: efectos secundarios o contraindicaciones?

Claro, tal cual. Uno no se imagina eso cuando lo sueña. Viajar es lindísimo, a mí me sigue encantando hacerlo y lo sigo eligiendo siempre. Pero cuando lo empezás a hacerlo seguido, y no por un viaje de vacaciones que puede ser quince días o un mes, sino por mucho tiempo, es otra cosa. Eso se convierte en una rutina. Y empecé a darme cuenta que siempre me estaba despidiendo de la gente, y eso es muy duro. Y no sólo de la gente que queda en Buenos Aires, sino también de la que me iba encontrando en el camino, con la que me encariñaba y formaba una amistad. Además yo tengo una manera de viajar que es con poco presupuesto y estando en contacto con la gente del lugar donde voy. Me quedo en casas de familia, viajo en transporte público. Y ser huésped un año en una ciudad también es cansador.  Y así fui descubriendo que no todo era tan perfecto y quise contar eso en el libro.

 

¿Cómo fue el proceso del primer libro al segundo?

Fue un cambio bastante grande de un libro a otro, sobre todo por las cosas que me pasaron en el medio. “El Síndrome de París” relata mi último viaje largo que fue de casi dos años, donde estuve en Sudamérica y en Europa. Salí de Buenos Aires muy triste por la muerte de una amiga y eso influyó. Viajé haciendo ese duelo, no me sentía muy cómoda en ningún lugar. Todo eso se va viendo en lo que uno hace y en lo que escribe. La idea no fue buscar el lado negativo, sino mostrar una cara tal vez más realista de la vida que elegí. Y el primer libro, a diferencia, es muy motivacional, porque cuando empecé a viajar me decía “no puedo creer que exista una vida así”. 

Muchos lectores con tu primer libro se vieron motivados a viajar. ¿En este no encontrarán una desmotivación?

No, no, para nada. No es la idea. No es un libro que desmotive, y de hecho yo no me desmotivé para viajar. En unos meses vuelvo a viajar y elijo este estilo de vida. Pero es bueno compartir el lado B de lo que a uno le pasa. Y esto un poco surgió por una nota que publiqué en mi blog en el que conté lo “no tan lindo de vivir así”. Pensé que la gente se iba a ofender o me iban a decir de todo. Y fue el post con más repercusión que tuve. Mucha gente comentó que vivían viajando y les pasaba lo mismo.

 

En tu recorrido por Europa pudiste acercarte un poco más a tus raíces…

Un capítulo habla del viaje que hice a Hungría y Alemania con mi papá y mi mamá. Ella es hija de húngaros pero nacida en Alemania; vivió hasta los tres años en un pueblo alemán y luego con mis abuelos viajaron hacia Argentina y nunca más volvieron. Entonces para mi mamá, éste viaje fue su regreso ya que no conocía el país de sus padres. Fuimos con fotos que había sacado mi abuelo en blanco y negro y buscamos esos mismos lugares. Salimos por el pueblo a buscar a ver si encontrábamos eso, y la verdad que estaba bastante igual. Y la gente además nos ayudó mucho, y todo sin hablar el alemán.

 

¿Cómo es el amor o las relaciones de pareja para una viajera?

Hay otro capítulo que habla sobre los amores en un viaje. Cuando empecé a viajar a los 22 años mucha gente me decía “que linda tu vida, que bien te va a ir pero nunca vas a tener pareja”. Y yo me fui un poco con esa idea. Después uno se da cuenta que se enamora igual, como si estuviera en Buenos Aires. Sí, es un poco más difícil, porque si la otra persona no tiene el mismo proyecto de vida, así en movimiento, no es tan fácil. Se puede viajar en pareja, pero hay que tener los proyectos alineados. Y comparto en el libro algunos noviazgos, como el que tuve con un chico de Indonesia durante un año y medio. Y también cuando algunos más cortos que tuvieron final gracioso o trágico.

 

Fuiste valiente, no todos se animan a contar algo tan íntimo.

No di nombres, pero lo hice porque cuando leí notas de otras personas me sentí más acompañada. Cuando estaba en Indonesia no había conocido ninguna chica que había estado con un indonesio; además él era musulmán. Para mí era muy nuevo todo. Entraba en foros para leer, buscaba historias de otras personas para ver si lo mío era normal. Por eso lo conté de ese lado, para compartir mi historia. 

EL DATO

El síndrome de París como el primero de sus libros se pueden adquirir a través de los blogs www.viajandoporahi.com o www.anikovillalba.com. Las obras se mandan por correo o bien para los que viajan a Buenos Aires hay dos puntos de venta/retiro: a una cuadra del Alto Palermo y a cuatro cuadras de la estación Independencia línea C/E.

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16/12/2018

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