Naturaleza multicolor en la Quebrada de Humahuaca

Desde la capital jujeña hasta La Quiaca. Un recorrido entre tradiciones ancestrales, paisajes increíbles y los sabores del noroeste argentino.

Por Fernando Delaiti, especial desde Jujuy // Todo recorrido por la Quebrada de Humahuaca estará aparentado con los colores. La tierra rojiza, montañas en tonos púrpuras, ocres y marrones, ríos y lagunas azulados, y el verde que acompaña a cardones y cerros, hacen que luego de la visita a estos más de 150 kilómetros de valles y picos de Jujuy, nada volverá a ser como antes. La conexión entre la naturaleza, tiempos pasados y la Pachamama, convierten al noroeste argentino en un lugar ideal para entender nuestro orígenes.   

A 40 kilómetros de San Salvador de Jujuy comienza la Quebrada -atravesada por el río Grande-, cuna de la cultura omaguaca. Allí, se levantan decenas de pueblitos -y otros no tan pequeños- que derrochan una belleza natural increíble, y que aún hoy conservan las tradiciones ancestrales, fiestas y música de miles de años.

A unos 3.000 metros de altura sobre el nivel del mar, la ciudad de Humahuaca, a mitad de camino entre San Salvador y La Quiaca, es un buen lugar para hacer base y movilizarse para conocer la región. De casas de adobe, calles empedradas y faroles de hierro que recuerdan a años de la colonia, este poblado autóctono permite armonizar caminatas por su centro, la vera del río y escapadas a poblados maravillosos. En el casco histórico, dos imperdibles son la Iglesia de la Candelaria de 1641 y  el cabildo, famoso por su reloj-torre del que cada mediodía sale una figura tamaño real de San Francisco Solano. También los viajeros suben hasta el Monumento a los Héroes de la Independencia para ver a pleno la ciudad, o recorren la plaza central o sus calles para negociar con artesanos y “cholas” los precios de los productos que venden. 

Caminando unos dos kilómetros y tras cruzar el río Grande -hay meses que tiene poco caudal- uno puede llegar hasta Peñas Blancas, una formación geológica de periodo cuaternario con sedimentos de color blanquecinos y rojo. En la cima del morro se puede caminar y ascender sin problemas ni riesgos, sin embargo debe ser precavido ya que hay restos arqueológicos y pozos. Desde allí se contempla la ciudad, que de noche invita a recorrer algunas de sus peñas y degustar de tamales, empanadas o un estofado de llama.

En Jujuy son famosas las postales del Cerro de los Siete Colores en Purmamarca y la Paleta del Pintor en Maimará. Pero la mayoría de los visitantes abandona la quebrada sin conocer las serranías del Hornocal, que están a 25 kilómetros de Humahuaca y que por su colorido –los lugareños hablan de 14 tonalidades- opaca las maravillas anteriores. Se llega por un camino de ripio y es recomendable contratar a algún guía del lugar.  

Desde Humahuaca hay varias posibilidades de viajes cortos. Uno es ir hasta La Quiaca -en colectivo son 2.30 horas de viaje y cuesta 49 pesos-, aunque los que llegan hasta aquí, en realidad, sólo piensan en cruzar el Puente Internacional y recorrer Villazón, Bolivia. Este lugar es como la meca de las artesanías y el regateo -a mismo producto que en suelo argentino, mitad de precio-. Aunque La Quiaca no es un lugar que cautive la admiración del turista, hasta llegar allí se pasa por dos poblados que sí merecen estar en cualquier itinerario de viaje. Por un lado Abra Pampa, arraigada a su historia colla y que vibra al ritmo de múltiples celebraciones, durante los cuales los sonidos de quenas y sikus están siempre presentes. Aquí se realizan cabalgatas y paseos cercanos hasta el cerro Huancar, cubierto por fina arena, en medio de un paisaje desértico. Por otro, la joya de esta zona: Yavi, fundada en 1667, cuando tres marqueses administraron desde allí un inmenso feudo, consolidado desde entonces hasta los días de la Revolución de Mayo, en 1810. Unos de sus atractivos más conocidos es su capilla de gran belleza arquitectónica de sencillas y armoniosas líneas, que fue terminada en el 1690.  A pocos metros de la Iglesia se encuentra, lo que fue la casa del Marques de Yavi en el Siglo XVIII, actualmente funciona como biblioteca y museo exponiendo elementos y réplicas que pertenecieron a los habitantes del lugar. Este templo y la Casa del Marqués de Tojo, de amplios muros y grandes patios, convirtieron este lugar en Monumento Histórico Nacional. A 5 kilómetros de Yavi, casi en la frontera con Bolivia se encuentran todo tipo de pinturas rupestres hechas siglos atrás por los aborígenes que habitaron esas tierras.

Pero la otra escapada que vale la pena desde Humahuaca es la de Iruya, que si bien es provincia de Salta se llega desde Jujuy. En colectivo son tres horas de viaje -72 pesos ida y vuelta- y tras transitar paisajes de cornisas se arriba hasta este pequeño poblado escondido en las montañas. A unos 4.000 metros de altura, el sol hace brillar las diferentes postales como la iglesia del siglo XVII y de La Cruz, donde la panorámica es impactante y permite ver, allá en lo bajo, cómo los aldeanos se entretienen en una cancha de fútbol. Además de cabalgatas, trekking y safaris fotográficos, se puede ir hasta los pueblitos San Isidro y San Juan y conocer las ruinas de Titiconte.

Bajando por la ruta se deja atrás Uquía y Huacalera para llegar hasta Tilcara, la otra parada obligada de todo turista y conocida como la “capital arqueológica del Noroeste argentino”. Con casas de adobe, calles empinadas y la mayor capacidad hotelera de la región, este poblado también se caracteriza por tener arraigadas sus costumbres prehispánicas como las celebraciones comunitarias. Mientras que muchos se inclinan por cabalgatas, recorridos en mountain bike o excursiones en 4x4 al cerro Morado, otros viajeros optan por ir hasta la denominada Garganta del Diablo, una unión de dos ríos que produce una zanja pronunciada y una cascada de varios metros de altura.

Zona de coloridos carnavales, la visita obligada está a un kilómetro de la ciudad: el Pucará, una fortificación que los aborígenes construyeron en la cima de la montaña y que utilizaban para vigilar la Quebrada. Pagando los 15 pesos de la entrada, uno siente bien presente el pasado de la cultura de los ancestros omaguacas y contempla en silencio un paisaje conmovedor. La fortaleza edificada hace más de mil años, aún conserva decenas de construcciones realizadas piedra sobre piedra.

Al seguir rumbo al sur de la provincia por la ruta 9, se pasa por Maimará -vale la pena hacer una parada, disfrutar de sus plantaciones de flores y del cerro “La paleta del pintor” sobre montañas blancas, rojas y amarillas- para llegar hasta Purmamarca. Si uno se mueve en colectivo, vale aclarar que desde Humahuaca no hay tanta frecuencia, por lo que conviene tomarse un transporte a Tilcara (13 pesos) y otro hasta Purmamarca (6,50 pesos). Esta antigua población de aborígenes comenzó a escribir su historia allá por el siglo XVII, tal como lo revela el dintel de la puerta de la catedral, donde puede leerse el año 1648. Alrededor de la plaza se congrega una feria que vende todo tipo de artesanías pero la gran atracción del lugar es el Cerro de los Siete Colores que, en realidad, a la vista de cualquier mortal, tiene más tonalidades que ese arbitrario número. Para apreciarlo en su plenitud, el turista suele subir hasta un cerro contiguo y allí consigue las mejores fotos. Otros, los más deportivos, se inclinan por la caminata al corazón del pico multicolor.  

Al llegar a Purmamarca, uno está “obligado” a recorrer 126 kilómetros sinuosos rumbo a Chile por la ruta 52 para conocer las Salinas Grandes, una de las mayores depresiones de la provincia, con más de 12 mil hectáreas de sal a cielo abierto que encandilan por la vastedad infinita del color blanco que las conforman. En caso de no estar en auto, una combi hasta el lugar tiene un costo de 80 pesos ida y vuelta, y además del desierto blanco uno se va sorprendiendo con los paisajes que brinda la Cuesta de Lipán.

Si bien la mayoría de los turistas suelen volver tras la visita a las Salinas Grandes, otros la atraviesan hasta llegar a un antiguo pueblo llamado Susques, que se levanta en el fondo de una pequeña hoya, rodeada por mesetas salitrosas en las que se encuentran dispersos ejemplares de cardón, queñoa y colchones de tola. Su Iglesia de piedras, adobe y burro data de 1598 (sí, leyó bien) y sus campanas fueron traídas desde Chuquisaca. A fines del siglo XVIII, Susques era un importante centro minero de la Puna Atacameña. En los años posteriores, el pueblo perteneció a Bolivia, a Chile y luego de un arbitraje de límites paso a integrar el territorio nacional argentino. 

LA GUÍA

Cómo llegar

En auto una de las rutas más utilizadas es la Nº 9 que hasta Córdoba es autopista. Desde Tres Arroyos a Humahuaca hay 1960 km., mientras que de Bolívar unos 1700 km. El costo ronda los mil pesos entre nafta y peajes. En avión de Buenos Aires a San Salvador de Jujuy el valor del pasaje ida y vuelta arranca en 1380 pesos. En colectivo desde Retiro a la capital jujeña, solo ida, cuesta 807 pesos.

Cuánto cuesta

A nivel alojamiento las opciones son varias, aunque fuera de temporada (enero y febrero, básicamente) los precios suelen bajar a más de la mitad. En esta época una habitación doble en un hostal como Corral de Piedras de Humahuaca cuesta 220 pesos. Un hotel tres estrellas como Rincones de Jujuy en Tilcara tiene la doble en 650 pesos. En estos lugares las habitaciones compartidas para aquellos que van con su mochila al hombre arrancan en los 100 pesos. 

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Fecha de hoy

11/12/2017

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