De andanzas por los hielos

Una visita por El Calafate nos lleva a visitar el increíble el Perito Moreno y caminar sobre el glaciar. Además llegamos hasta Estancia Cristina y nos escapamos hasta El Chaltén.

Ubicada a 320 km de Río Gallegos y sobre la margen sur del lago Argentino en la cordillera andina, El Calafate es una pintoresca villa, un remanso de paz y vegetación. Y aunque ofrece una amplia variedad de actividades, para los viajeros del mundo esta ciudad en pleno crecimiento es sinónimo de aventura en los grandes bloques de hielo. Su nombre deriva del pequeño arbusto Calafate, típico del sur de la Patagonia. Este fruto, es una baya muy apetecible en la preparación de dulces. Según la tradición, quien lo come alguna vez regresará por más. Pero la realidad indica que quien conoce El Calafate no quiere irse jamás.

Quienes hayan viajado hace más de una década a este punto del sur del país, cuna de tehuelches y araucanos, deben volver para entender su constante desarrollo. De hecho, la población es pasó de unos 400 habitantes en los '80 a la actual, que supera los 21 mil habitantes. Y eso se refleja en la gran oferta de alojamientos, para todas las necesidades, con un total de 8 mil camas disponibles. Por eso uno se sorprende al salir a caminar por sus calles onduladas, ya que hay zonas en donde es más común ver grandes hoteles que casas de familias.

La avenida Libertador es el lugar donde se concentran los comercios. Buena y variada gastronomía, regalerías, pastelerías, con alfajores y chocolates, y casas de artesanía, se levantan con sus frentes estilo patagónico, de chapa, madera y piedra. Los precios, en general, son superiores a los del resto del país, pero se encuentra variedad y calidad. Y si uno quiere ahorrar para invertirlo en alguna excursión, puede evitar (aunque no debería) un plato de chivito y optar por la clásica y más económica pizza. Pero para comer habrá tiempo, y lo más importante llega cuando el sol aparece y da paso a la aventura. Y el hielo nos espera.

Conocida mundialmente por el Perito Moreno, para llegar desde el pueblo hasta el glaciar más famoso hay que recorrer 80 km de asfalto. Se puede ir en auto o bien contratando un transfer. Al entrar al Parque Nacional Los Glaciares, el paisaje pasa de la estepa al bosque andino patagónico, donde predominan especies como la lenga, el ñire y el coihue. El parque tiene unas 700 mil hectáreas, fue creado como área protegida en 1937 y desde 1981 integra la lista del Patrimonio Natural de la Humanidad de la Unesco. De este gran campo de hielo se desprenden 47 glaciares, como Marconi, Viedma, Upsala, Spegazzini, Onelli, Peineta, Mayo, Ameghino, Moreno y Frías.

Al llegar al parque, apenas se da unos pasos por las amplias y seguras pasarelas de madera de cuatro kilómetros (hay tres circuitos para recorrer con vistas diferentes), uno se encuentra con la inmensidad del Glaciar Perito Moreno. Es una gran masa de hielo, un poco más grande que todo el territorio de la ciudad de Buenos Aires. Mide unos 5 km de frente por 60 metros de alto (algo así como el Obelisco) y unos 257 km2 de superficie de puro hielo.

A diferencia de otros glaciares, es el único que se puede apreciar sin embarcarse y que permanece en equilibrio, ya que toda la masa de hielo que recibe de su cuenca de alimentación en invierno, la pierde paulatinamente en verano. Y justamente esas pérdidas se convierten en el plato principal de cada turista. Cámara en mano, en la inmensidad del silencio, uno espera el momento del desprendimiento de parte del hielo para luego sentir el estruendo cuando golpea sobre el agua.

Recorrer los circuitos lleva alrededor de dos horas, pero todo dependerá del “apuro” que cada uno tenga. Muchas veces, cuando se va en excursión que incluye un recorrido en barco para tener otra mirada del glaciar, el tiempo para contemplarlo desde las pasarelas es poco. Por eso, lo ideal es ir con paciencia, llevar una vianda de almuerzo o un mate con algo dulce de de calorías para sentarse en alguna de las zonas de descanso y, simplemente, fundir nuestros ojos en esa pared blanca e infinita. Por cierto, además de agua y protector solar, es ideal vestirse con capas finas, tipo “cebolla”, ya que se pasa del frío al calor en pocos minutos.

Ahora bien, si la idea es tener un contacto más directo con el glaciar, el Moreno lo permite. Existe una excursión increíble que nos lleva al interior del bloque de hielo. Con sus variantes “mini trekking” o “Big Ice”, caminar sobre su majestuosidad es una experiencia que hay que vivir al menos una vez en la vida. En una embarcación se cruza el Brazo Rico, y tras veinte minutos se llega a la costa oeste. Una vez en tierra, comienza una caminata sobre la morena del glaciar (el sitio donde la tierra y el hielo se unen), de unos 40 minutos, hasta llegar al hielo mismo. Y allí empieza, con crampones y arneses, y siempre junto a dos guías, una caminata que será sinónimo de descubrimientos. Durante unas seis horas (si se elige la excursión larga) se exploran cavernas, sumideros, lagunas de color indefinible y cuevas de un blanquísimo hielo. Luego de caminar hacia el interior de ese desierto de hielo, llega el momento del descanso. Cada uno saca su almuerzo y los viajeros se sientan no sólo a reponer energías, sino a contemplar esas especies de catedrales de hielo que los rodean en medio del silencio conmovedor.

Historia presente

De regreso en la ciudad, una escapada que puede hacerse sin que demande mucha planificación, es la visita a la Reserva Ecológica Laguna Nimez. A pocas cuadras del centro de la ciudad y junto al Lago Argentino, el sitio es ideal para los amantes de la observación de aves. Hay alrededor de 80 especies, entre los que se destacan flamencos, cauquenes, cisnes de cuello negro, bandurrias, teros y patos. Con un circuito de 2.500 metros, el recorrido puede hacerse sólo, sin necesidad de ir con guía. Eso sí, no hay que olvidar la cámara de fotos o bien alquilar binoculares para una mejor experiencia.

Para los que buscan acercarse al pasado, hay que darse una vuelta por el Museo Regional El Calafate, que cuenta con una importante colección de materiales arqueológicos encontrados en la zona patagónica. Hay boleadoras, piedras talladas, puntas de flechas, otras armas y muchísimas herramientas. También se pueden observar distintas muestras paleontológicas. Pero otra posibilidad es pasar un buen rato en el Centro de Interpretación Histórica, una muestra permanente de los últimos 100 millones de años en la Patagonia Austral.

Y si la idea es conocer más en profundidad la historia de los hielos, desde la secretaría de turismo parten micros gratuitos hasta Glaciarium, un edificio vanguardista donde se explica qué son los glaciares y cuál es su importancia para nuestro ecosistema. Una de las salas más visitadas es la del Cambio Climático, que explica con imágenes la problemática. También hay un microcine, en el que proyectan cortos sobre el tema como el que narra la historia de pioneros que circunda a Francisco Pascasio Moreno, más famoso como Perito Moreno, el científico que jamás vio el glaciar que de algún modo lo hizo más conocido. Aunque muchos llegan hasta allí con otro objetivo: conocer el Glaciar Bar. Es una especie de una mega heladera a ocho grados bajo cero, ambientada como un boliche con divertidas esculturas, sillas, mesas y hasta los vasos hechos de hielo. Hasta allí se baja con capas y guantes térmicos y todos toman, en media hora que dura la estadía, la cantidad de tragos que quieren, con o sin alcohol.

Para los que al día siguiente quieren tener otra jornada a pura aventura, una opción es el Cerro Cristal, que con sus 1282 metros atrapa por su cima, donde uno se siente como un Dios. Ubicado dentro del Parque Nacional Los Glaciares, la caminata al Cristal, de unas siete horas, es uno de los recorridos favoritos para quienes llegan hasta el camping de Lago Roca, ubicado a unos 60 km de El Calafate. Sin embargo, otros optan mezclar navegación entre témpanos con vista a otro glaciar, el Upsala. Para esto habrá que contratar la excursión a Estancia Cristina (nada que ver con la presidenta Cristina Fernández, aunque todos lo pregunten). Se parte de Punta Bandera y navega por el brazo norte del Lago Argentino y por el canal Upsala hasta llegar a la pared occidental del glaciar homónimo. Luego continúa por el brazo Cristina y cerca del mediodía, luego de tomar varias postales repletas de iceberg, se desembarca en la estancia. Allí se puede hacer trekking, 4x4 o cabalgatas, y también disfrutar de un almuerzo patagónico y una visita al pequeño museo. Lo recomendable es hacer el recorrido de 45 minutos en vehículo que lleva hasta el Upsala. Este inmenso glaciar retrocede 200 metros por año, más que otros de la región, y en 2009 desprendió un témpano de 900 metros de ancho.

 

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Fecha de hoy

11/12/2017

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