Merlo al descubierto

El tercer microclima del mundo ofrece diversas alternativas para disfrutar de la naturaleza. Y a su alrededor se encuentra un circuito que vale la pena conocer.

Por José Giménez, especial desde Merlo / Recostadas sobre la faz occidental de la Sierra de los Comechingones, la Villa de Merlo y el circuito turístico compuesto por los pequeños pueblos que se yerguen a su alrededor son famosos por poseer el mayor microclima del país y el tercero del mundo. Pero el encanto de estos parajes rodeados de sierras y surcados por pequeños ríos de agua trasparente va más allá del factor climático: allí el visitante puede encontrar paz, aventura, relax, y mucho sol, y a la vez internarse en la historia profunda del país.

Con 20 mil habitantes, esta ciudad que se sitúa entre los 800 y los 1.200 metros sobre el nivel del mar es el centro neurálgico de un circuito turístico que cuenta, entre otras, con las localidades de Carpintería, Villa Elena, Papagayos, Los Molles, Villa Larca y Cortaderas, todas ellas unidas por una ruta rodeada de montañas y una vista que invita a parar para disfrutar el paisaje.

En la Villa, uno de los atractivos más concurridos es el denominado “Circuito Chico”, en cuyo itinerario se concentran las mayores bellezas de la región. Allí se encuentra, en Rincón del Este, un imponente mirador a más de 1.200 metros sobre el nivel del mar, desde donde se puede apreciar, por la tarde y entre las nubes, un majestuoso atardecer sobre el Valle de Conlara.

En ese mismo recorrido se llega hasta la reserva natural Mogote Bayo, tan famosa en el lugar como su guardaparques, Isolina, una ferviente defensora del medio ambiente que todos los mediodías le da de comer a un águila frente a un público que ve cómo el ave, que se encuentra en libertad, desciende de las alturas y recoge con sus garras el trozo de carne que la mujer le deja.

En Mogote Bayo se puede bajar al Arroyo El Molino que, remontado a través de la sierra, ofrece frescas y profundas ollas de agua, a las que se puede llegar solo o con guía. La segunda opción es la más recomendable y se puede complementar con un descenso por un sendero de altura -no apto para quienes sufren vértigo- que ofrece una maravillosa vista área de la ciudad. Para los aventureros también se ofrecen cientos de alternativas, desde la tirolesa hasta un vuelo en parapente sobre la Villa, con precios bastante accesibles.

Finalmente, dentro de este circuito sería un pecado no conocer Pasos Malos, un camping ubicado al norte de la ciudad, sobre el Arroyo Piedras Blancas, donde se encuentran asentados los hermanos Godoy, dueños de los mejores asadores de chivitos de la zona. Además de ser uno de los cursos de agua más torrentosos -en él se forman verdaderos “hidromasajes naturales” a su paso entre las piedras-, desde este punto se puede tomar un sendero autoguiado que se adentra en las sierras y culmina en el pintoresco barrio de Piedras Blancas, uno de los más antiguos de la ciudad.

En el centro, en tanto, el visitante puede encontrarse con la historia de una ciudad fundada en 1797 por el general Juan de Videla. Rodeada de casas antiguas se erige la plaza central, que data de aquella época y contiene un antiguo aljibe comunal. Enfrente está la iglesia colonial, de la misma época, que guarda los tesoros más valiosos de la historia de Merlo. Muy cerca de allí, siguiendo por el casco histórico, está la casa del poeta Antonio Agüero, un caracterizado personaje de la cultura local, que describió con sus poesías el majestuoso paisaje de la Villa.

Otra cita con la historia se encuentra a 4 kilómetros de allí, saliendo de la ciudad hacia el denominado Circuito Norte, que conecta San Luis con Córdoba: se trata del Algarrobo Abuelo, un ejemplar de algarrobo blanco de más de 800 años de antigüedad, último ejemplar de un extenso bosque que dominaba la zona hasta la llegada del ferrocarril a principios del siglo XX. Camino hacia el predio donde se encuentra el histórico árbol se erige el museo regional Lolma, que expone en sus salas la rica historia de Merlo, desde la constitución de los primeros asentamientos hasta la actualidad.

Un camino, algún lugar

Al sur de Merlo, la ruta provincial 1 ofrece a su paso una gran cantidad de pueblos que valen la pena ser visitados, ya que nada tienen para envidiarle a su vecina Merlo. Yendo hacia el sur el turista puede encontrarse en primer lugar con Carpintería y Los Molles, que ofrecen una gran variedad de puestos artesanales y un viaje al pasado para conocer la vida de los primeros habitantes de esas tierras, los Comechingones.

Luego vienen Cortaderas y Villa Elena, uno a cada lado de la ruta. Esta última localidad era el paso obligado para los viajeros de principios de siglo XX, y los hoteles y posadas que funcionan en la actualidad datan de esa época. El paisaje en Villa Elena es dominado por la quebrada homónima, en cuyo circuito se pueden conocer las cuevas aborígenes o llegar hasta los “baños romanos”.

Seguidamente de Villa Elena aparece Villa Larca y su principal atractivo, el “Chorro de San Ignacio”, una caída de agua de más de 30 metros a la que se llega tras un pequeño recorrido entre la sierra y el valle, que regala imponentes paisajes. Un poco más lejos, siguiendo el mismo curso de agua, está la Laguna Milagrosa, y desde allí los aventureros pueden continuar por un camino semiguiado hacia otros encantos naturales.

Pero la “vedette” de la zona sin dudas es Piscu Yaco, un dique construido al pie de la sierra que hace las veces de playa artificial con sombrillas, puestos de venta y música, para quienes extrañan la costa atlántica. El lugar fue terminado hace apenas dos años, y se encuentra a unos 3 kilómetros de la ruta 1 por camino de tierra. Llegar allí es encontrarse con un oasis en medio de las sierras.

Finalmente, la “ruta costera” -como se la conoce- culmina en Papagayos, lugar que se caracteriza por poseer las pequeñas palmeras caranday, que parecen descolocadas contra ese paisaje seco.

 

Una mirada desde las alturas 

Pocos lugares concentran tantos escenarios privilegiados para los deportes de alto vuelo como la Villa de Merlo. Sin duda la región es especial para la práctica de parapente, ya que el cordón serrano tiene un promedio de 2 mil metros de altura y dos plataformas de despegue.

Subiendo por la Ruta Provincial Nº 5 y pasando el Mirador del Sol se encuentran los dos sitios de partida: uno antes de llegar a la finalización de la ruta y el otro una vez que termina el pavimento en el filo de la sierra y después de recorrer unos 3 kilómetros metros hasta llegar a la confitería Mirador de los Cóndores. En ambos casos se realizan vuelos biplazas acompañados por instructores experimentados.

Para quienes no volaron nunca la duración es de unos 15 minutos, aunque si el turista se siente cómodo los instructores suelen llegar a los 30 minutos de vuelo. Aunque un cuarto de hora no parece mucho tiempo, en las alturas es una eternidad.  

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Fecha de hoy

24/06/2017

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