A pie por la histórica Salta

Una recorrida intensa y a pie por la capital provincial, nos lleva a lugares increíbles. El Cabildo, iglesias, el Teleférico y las clásicas peñas a puro folclore.

Por Fernando Delaiti, especial desde Salta / Hay una parte importante de la ciudad de Salta que puede, y debe, recorrerse a pie. Uno tiene que dejarse llevar por la tentación de la clásica vuelta al perro, que empieza por la Plaza 9 de Julio, el corazón de la capital provincial, fundada en 1582 por el español Hernando de Lerma para convertirse en nexo entre los minerales de Potosí, en Bolivia, y el puerto de Buenos Aires.

Entre palmeras, molles, araucarias y edificios de estilo francés, el turista puede hacer un recorrido visual de 360 grados y apreciar las construcciones que rodean la plaza, como el Palacio Day, sede del Centro Cultural América, la Catedral Basílica, iniciada en 1858, o el Cabildo. Estos sitios, que pueden ser acompañados por una comida clásica en los bares ubicados debajo de enormes galerías coloniales, son visitados cada año por un millón de turistas que llegan hasta La Linda para enamorarse y, como en todo amor, volver otra vez.

El inicio del recorrido es el Cabildo. Sobre calle Caseros y con varias modificaciones “sobre sus hombros” desde principios del siglo XVIII, hoy es sede del Museo Histórico del Norte y guarda piezas históricas, cuadros, retratos, muebles, entre otras cosas de gran valor. Allí visitamos una sala güemesiana, con objetos originales y réplicas pertenecientes al General Martín Miguel de Güemes -como sus trajes, su sable y su sombrero bicornio-, la figura más venerada en estos pagos. Por unos pocos pesos es posible recorrer el lugar y conocer los orígenes poblacionales de Salta, desde las culturas nómades que pasaron por la región hace 12 mil años.

Siempre frente a la plaza, la Catedral Basílica, considerada uno de los templos más bellos de Argentina, atrapa con su fachada de colores amarillo y rosado, y porque aún hoy conserva imágenes de más de cuatro siglos. Cada septiembre, la Catedral salteña recibe a miles de los devotos que se conmueven ante la Virgen del Rosario -a la que todos conocen mejor como Virgen del Milagro-. Allí el Panteón de las Glorias del Norte guarda los restos de Güemes y de otros guerreros de la Independencia.

Podemos pasar por el Centro Cultural América, para ver las muestras que suelen montarse allí o simplemente dejarse cautivar por su estilo neobarroco francés, las escaleras de mármol y su vitraux. Pero la idea de ver una momia, nos hace abandonar rápidamente el lugar para llegar al Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM), cuya entrada es de 30 pesos. Al ingresar, uno ya se da cuenta que está ante algo diferente. En cualquier época del año, se mantiene la temperatura en un estado constante de 18 grados y la humedad en 45 por ciento, para permitir la correcta conservación de las tres momias incaicas encontradas en 1999 en el volcán Llullaillaco, donde estuvieron durante 500 años. Bajo una tenue luz, hoy se puede apreciar a La niña del rayo, que posa casi con solemnidad detrás de la vitrina. Además se puede ver el gran ajuar funerario constituido por objetos de oro, plata, madera, tejidos y cueros, y que formaron parte hace medio siglo del ritual que despidió a la pequeña.

Nos alejamos cien metros de la plaza -sí, todo lo que hasta ahora vivimos fue casi sin movernos- y llegamos a la Iglesia San Francisco. Uno se frena frente al edificio construido en 1625 y su torre de 53 metros parece interminable, aunque allá a lo lejos se ve el campanario. La Iglesia, que combina colores terracota y marfiles con destacada ornamentación, tiene un pequeño museo y una biblioteca con 40 mil volúmenes antiguos de gran valor. La historia cuenta que el General Manuel Belgrano asistió allí a una misa por los caídos en la Batalla de Salta en 1813.

Seguimos por la calle Caseros, dejando atrás numerosos comercios con productos típicos para regalar, y pasamos por el Museo Nacional Presidente José Evaristo Uriburu. “¿Se puede entrar?”. “Sí, claro”, contesta el guardia que nos cobra 10 pesos. La casa, sencilla y sin grandes recovecos por descubrir, sirve para tener un pantallazo de la arquitectura salteña en años de la colonia, ya que data de mediados del 1600. Actualmente exhibe en sus seis salas una muestra donde pueden encontrarse mobiliario, utensilios, cuadros y testimonios de época, una cocina ambientada al uso de los siglos XVIII y una sala dedicada a los históricos moradores de la casa.

La caminata sigue por unos pocos metros y nos volvemos a sorprender. Esta vez el disparador es el Convento San Bernardo. Este edificio es uno de los más antiguos de la ciudad y atrapa por su portal de algarrobo, tallado por indígenas en 1762. Cuando las monjas se hicieron cargo del convento, a mediados del siglo XIX, se clausuró la puerta que servía de entrada al antiguo Hospital, contigua a la Capilla, y se abrió una nueva. En esta se colocó justamente esa hermosa puerta de madera.
Encantado por el Convento, uno no presta atención al entorno. Pero una bocina -sí, algo raro por estas tierras- nos hace levantar la mirada y apreciar, como telón de fondo, la silueta de un cerro: es el San Bernardo, quien invita a desafiarlo. “¿Subimos?”. “Y, dale”. “¿Cómo hacemos?”. “Se puede por auto”. “Estamos a pie”. “Detrás del Monumento a Güemes están las escaleras”. “Genial”. “Son 1070 escalones”.“Uh. ¿Hay algún modo para economizar la energía?”. “Sí, el Teleférico”. “Allá vamos”.

Desde el seductor Parque San Martín, parte el teleférico que luego de unos nueve minutos nos deposita en la cima del cerro, un sitio parquizado, con una vertiente de agua, árboles y flores que marcan los senderos por recorrer. Es un lugar que sirve para sacar las clásicas postales de la ciudad, tomar algo en una terraza y contemplar la magnitud del paisaje o bien comprar algún regalo en sus locales. La visita no llevará mucho tiempo, aunque todo dependerá del apuro del turista. Algunos optan por llegar hasta allí al final del día, para tener una foto del atardecer.

Y si de crepúsculo se trata, el capítulo final de la extensa jornada debe ser a pura música, empanadas, locro y vino. La calle Balcarce nos espera y al recorrerla uno comprueba eso que suele decirse: que a cada paso uno se cruza con un cantor. Las peñas son muchas y es difícil recomendar. Es simplemente decidirse, entrar a una de ellas y dejarse llevar por las zambas, las chacareras y, si se anima, bailar junto a alguno de los vecinos circunstanciales. Entre guitarra y canto la noche se va, y uno la pasa tan bien que no alcanza a preguntarse “dónde iremos a parar, si se apaga Balderrama”.

LA GUÍA
Cómo llegar

Desde Necochea a Salta hay que recorrer unos 2 mil kilómetros y desde Pehuajó 1510 km. De Buenos Aires por Aerolíneas el costo del pasaje, ida y vuelta, es de 1532 pesos.
Cuánto cuesta
La ciudad tiene una gran variedad de hospedaje y a diferentes precios. Uno puede alojarse en el Salta Hotel por 850 pesos la noche, o en Las Pecanas Apart Hotel por unos 450 pesos. Ambos muy bien ubicados.

Más info

www.turismosalta.gov.ar
www.saltalalinda.gov.ar

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Fecha de hoy

11/12/2017

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