Viaje al corazón colonial

A lo largo del continente americano, hay ciudades antiguas que se conservan como congeladas en el tiempo. De Viaje te recomienda cuáles no deberías perderte.

Cartagena de Indias

Fundada en 1533 por el madrileño Pedro de Heredia, es un destino en el que uno puede respirar la historia de la época colonial en medio de casas pintadas de diferentes colores claros, balcones con detalles de madera y flores decorativas, iglesias de más de 300 años y callecitas angostas y adoquinadas. Esta ciudad de Colombia fue una de las más codiciadas por los piratas y saqueadores de un Caribe teñido de oro. 

La conservada y monumental muralla de 11 kilómetros de extensión que la rodea y 12 metros de alto, su gastronomía, clima cálido o playas son algunos de sus grandes atractivos, así como sus numerosas tiendas, cafés y restaurantes. La entrada principal a la ciudad amurallada es a través de la Puerta del Reloj, símbolo de Cartagena. Ésta desemboca en la Plaza de los Coches, donde aún hoy estacionan los vehículos tirados a caballo, que ofrecen paseos a los turistas por la parte histórica y moderna. Antiguamente ese lugar era el mercado de esclavos.

Entre los lugares imperdibles está el Castillo de San Felipe de Bajaras, la más grande de las fortalezas españolas construidas en el continente americano y que empezó a levantarse en 1536 y finalizó en 1657. También se debe ir al Palacio de la Inquisición -donde se juzgaba los delitos contra la fe cristiana-, pasar frente a la casa del escritor Gabriel García Márquez y visitar la Plaza e Iglesia de San Pedro Claver, construida en 1580 y luego reconstruida en el siglo XVII.

 

Ayacucho

En esta ciudad de Perú se encontraron los testimonios de los hombres más antiguos de Sudamérica, que corresponden a cazadores y recolectores de la era paleolítica. La región fue también cuna de los Huarpas, la civilización Wari y luego de los Incas. En 1539, los españoles fundaron San Juan de la Frontera de Huamanga (nombre original) y tuvo una importancia estratégica durante la colonia, pues era paso obligado entre Lima y Cusco, y entre Potosí y Antofagasta, donde se encontraban las grandes minas de oro, plata y mercurio.

Ubicada en la vertiente oriental de la Cordillera de los Andes a una altitud de 2.746 msnm, es conocida como la “ciudad de las iglesias”, todas de origen colonial, y “ciudad señorial”, por su arquitectura, tradición y arte. Los templos tienen estilo renacentista, barroco y mestizo y guardan en su interior verdaderas obras de arte como pinturas, imágenes y bellos retablos tallados en madera y bañados en pan de oro.

Uno de los atractivos es la Plaza Mayor, rodeada por edificaciones en su mayoría de los siglos XVI y XVII y que se caracterizan por sus arquerías de piedra en el primer nivel, sus pilares con balaustres en el segundo nivel y sus techos de tejas de arcilla roja. Además, se pueden apreciar majestuosas casonas coloniales y restos arqueológicos que revelan un pasado histórico, que la hacen de por sí una ciudad atractiva.

Oaxaca

Fundada en 1529 sobre una ciudad azteca, posteriormente fue enriquecida durante la época colonial tanto por la actividad minera como por el negocio de la cochinilla. Ubicada a 470 kilómetros de la ciudad de México y con un excelente clima templado todo el año, hoy es considerada una de las ciudades coloniales más hermosas del país, y cautiva con sus edificaciones levantadas en piedra verde, calles empedradas, conventos y grandes iglesias.

Patrimonio Cultural de la Humanidad, desde el siglo XVI, su centro histórico conserva el trazo original perfectamente delineado, idéntico a un tablero de ajedrez. El centro ceremonial Monte Albán aglutina un conjunto de monumentos prehispánicos que ostentan estelas (lápidas o pedestales) con jeroglíficos que conmemoran los sucesos más importantes de la historia de la ciudad.

Los mercados y las fiestas populares son el pulso real de Oaxaca. Allí se pueden encontrar chocolate artesanal, mole (una famosa salsa parte prehispánica, parte colonial), el queso típico de la zona (que se deshebra y funde), huaraches (sandalias indígenas) y especias locales. Además, la región es ideal para probar la comida típica mexicana, y todo acompañado por el mezcal, primo del tequila, que goza de gran aceptación dentro del país. 

 

Viejo San Juan

Casas coloniales de patios frescos, fachadas de coloridos colores, palmeras, balcones con flores, y mucha gente en las rectilíneas calles vibrando al ritmo de salsa y bomba -el son de la zona por excelencia-. Así es el Viejo San Juan, la joya de Puerto Rico. Declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad en 1983, está incrustado en una pequeña península y circundado por muros y fortificaciones que protegen su herencia colonial. Gracias a esfuerzos de conservación, esta colorida ciudad luce tal y como se veía más de 400 años atrás.

Lo positivo es que al ser tan pequeña, sus atracciones están muy cerca una de la otra y en una jornada uno puede recorrerla toda. Aunque siempre es bueno dedicarle más tiempo y pararse a tomar algo para disfrutar de sus aires coloniales. Las calles adoquinadas que suben hacia la cara norte llegan hasta la más reconocida, San Sebastián -atraviesa todo El Viejo San Juan-, y, un poco después, a la de Norzagaray, frente al Atlántico, protegida por murallas y las estratégicas garitas, marca que nos cuenta que durante siglos resistió los ataques de flotas de potencias extranjeras.

Algunos de los destinos imperdibles dentro de San Juan son la Capilla del Cristo y La Fortaleza –construida hacia 1540-, también conocida como el Palacio de Santa Catalina, residencia oficial del gobernador de Puerto Rico. También se destacan la Catedral, originalmente levantada en el siglo XVI pero con innumerables retoques, el Fuerte de San Felipe del Morro y el Fuerte de San Cristóbal, las dos grandes fortificaciones de la antigua ciudad.

 

Antigua Guatemala

A 45 kilómetros de la capital y entre los altiplanos de interior del país, esta ciudad, marcada por años trágicos, es la historia viviente. Su geometría de calles perpendiculares, casitas que no superan los dos pisos, plazas e iglesias atractivas y sus fachadas de tonos pastel hablan del empeño que pusieron los españoles por recrear al otro lado del océano la nostalgia de sus pueblos.

Fundada en 1543 como la primera capital del país, después de pestes, terremotos e inundaciones, fue el movimiento telúrico de 1773 que la hirió casi de muerte. A pesar de haber sido una ciudad proscrita y abandonada para crear una nueva capital, paulatinamente sus pobladores volvieron a darle vida a la ciudad que hoy es uno de los mayores atractivos turísticos de Guatemala, debido a ser una joya del urbanismo y la arquitectura colonial.

Aún se conservan edificaciones del siglo XVI y antiguos conventos como el de Capuchinas y Santa Clara, la Catedral de San José, la Compañía de Jesús, la Iglesia de La Recolección, la Iglesia y Convento de La Merced y el Convento y Arco de Santa Catarina, tesoros que enamoran al pasear por sus calles.

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Fecha de hoy

18/10/2017

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