Hornaditas, corazón de la Quebrada

A pocos kilómetros de Humahuaca, este poblado jujeño de pocas familias permite conocer a fondo las costumbres locales, visitar sitios arqueológicos y descubrir pinturas rupestres.

Cuenta la historia que en el año 2002 Clara Lamas, pastando sus cabras, se topó con un grupo de turistas varados sobre la ruta, quienes habían perdido el transporte que los llevaría a una localidad vecina. Como hacía frío y la espera sería extensa,  los invitó a su casa a tomar una taza de mate cocido caliente. El grupo, aceptó. Maravillados por la atención, esa noche se alojaron en Hornaditas. Al día siguiente, antes de partir, fascinados por haber compartido un poquito de la vida cotidiana de la familia, los turistas alentaron a Clara para que recibiera turistas. A partir de entonces, y casi sin querer, una nueva oportunidad de desarrollo surgió no solo para esta familia, sino para otros miembros de la comunidad kolla de esa localidad jujeña, ubicada a 17 kilómetros de Humahuaca.

La comunidad originaria reside en el corazón norte de la Quebrada de Humahuaca, declarada por la Unesco en 2003 como Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad, por la combinación de maravillosos paisajes, los numerosos caseríos, pueblos y ciudades que conservan muchos vestigios precolombinos y coloniales, como así también su milenaria cultura omaguaca. Las alrededor de 90 familias que conforman la comunidad de Hornaditas dignifican su territorio y sus costumbres a través de la práctica de sus ceremonias andinas, el cuidado año tras año de los cultivos tradicionales y de sus riquezas arqueológicas.

En medio de las calles cubiertas de las flores amarillas del Churqui -de la familia del algarrobo-, que también es acacia y aromo, Hornaditas tiene su encanto. La escuela, su pequeña iglesia blanca, la biblioteca y un cardón viejo y alto al que bautizaron "La Abuela Cardón", tal vez como homenaje a la femenina Madre Tierra, son parte de esta zona del norte de Argentina llena de magia.

Luego de descansar en una vivienda de adobe y pisos de tierra sin nada de lujo, comienza la acción. Uno puede elegir formar parte de la tarea de los lugareños, ya sea en la cosecha, en buscar el rebaño de cabras en la montaña o cocinar algo en el horno de barro. O bien, salir a descubrir los encantos de la región. Entre los más atractivos está el paseo por un espinoso bosque de cardones, algunos de muchos años y ramificados en forma de candelabro. Sus espinas miden 8 centímetros de largo y sus flores se abren sólo de noche y viven hasta 48 horas.

Otra opción es el trekking al paraje Inca Cueva para visitar un sitio de arte rupestre considerado por los arqueólogos el más importante de la región. Esta quebrada llamada Chulín cuenta con una superficie total de 226 km2, y la mayor parte de la superficie está cubierta por roca desnuda.  En Inca Cueva existen varias cavidades que destacan por sus pictografías en negro, blanco y rojo. Son representaciones geográficas entre las que predominan grandes círculos en blanco que se asemejan a soles u ojos. Lo más significativo es la antigüedad de las figuras, calculado en unos 10 mil años. De 7 mil años son los cuerpos humanos alargados, sin piernas ni manos, pero con vistosos adornos. Y de 1.600 años atrás son las imágenes de un grupo de llamas domesticadas.

En ese altiplano habitaron los ancestros de las familias asentadas y la milenaria cultura Omaguaca, una linda caminata matutina es la que lleva hasta El Antigal, antiguo cementerio sagrado. Cruzando el cauce seco del Río Grande se accede al sendero que lleva hacia El Antigal, donde se pueden observar petroglifos y restos de construcciones muy antiguas, como así también tumbas y monumentos enterratorios. Desde esas alturas, las casas parecen pequeñas y abrazadas por montañas y cardones pardos. 

CINCO IMPERDIBLES DE LA REGIÓN

Haciendo base en Hornaditas, hay escapadas que se pueden hacer para completar un viaje por el norte irrepetible. Acá algunas opciones que pueden elegirse en micro, auto o a dedo.

 

Iruya

Colgado en la montaña, este pueblo salteño pero al que se llega fácilmente desde Jujuy, está rodeado por los ríos Milmahuasi e Iruya, a 2780 metros sobre el nivel del mar. Las construcciones son de adobe, piedras y paja. Tras recorrer 75 km por un hermoso camino de cornisa, se llega a Iruya que sorprende con su iglesia que parece al borde del precipicio. Conviene quedarse aunque sea una noche para disfrutar de la paz del lugar sin el aluvión turístico del mediodía. En las cercanías del pueblo, se pueden visitar las ruinas del pucara de Titiconte.

 

Humahuaca

A casi 3 mil metros sobre el nivel del mar,  es el pueblo más grande de la Quebrada, el que más participó en las batallas por la Independencia y el último mojón antes de entrar en la Puna. Hasta finales del siglo XIX fue una de las más importantes postas comerciales coloniales del antiguo camino al Alto Perú. Sus calles empedradas, las casas de adobe y los faroles son el escenario habitual de este pueblo. Frente a la plaza está el famoso Reloj del Cabildo, que mueve una imagen de tamaño natural de San Francisco Solano.

 

Uquía

Unos 30 km al sur de Hornaditas por la ruta 9, esta pequeña población de 500 habitantes se destaca por su iglesia, San Francisco de Paula, construida en 1691 y también declarada Monumento Histórico Nacional. De estilo americano y con influencia jesuítica, guarda el retablo más antiguo de la región, de madera dorada a la hoja, y un tesoro difícil de igualar: una pequeña colección de pinturas restauradas de la escuela cuzqueña, entre las que se distinguen a "Los Ángeles Arcabuceros".

 

Hornocal

No tan famoso como el Cerro de Siete Colores de Purmamarca o la Paleta de Pintor de Maimará,  esta serranía cuenta con una variedad de tonalidades increíbles –hay quienes ven hasta 33–. A una hora de Hornaditas, cuenta con un mirador que enfrenta el cerro. Son transitables en auto común por ripio, aunque se recomienda no aventurarse en verano sin consultar por posibles cortes producidos por la lluvia.

 

Villazón

Los que quieran hacer compras a un menor costo, sueles escaparse 150 kilómetros hacia el norte y llegar hasta Villazón, el paso fronterizo más utilizado por los turistas que viajan desde Bolivia a la Argentina o viceversa. Esta es una ciudad relativamente tranquila, salvo por el movimiento que se origina por la frontera. En sus calles existen numerosos comercios.

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Fecha de hoy

23/08/2017

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