La Rioja, por cielo o tierra

La provincia tiene una serie de circuitos para tener una mirada diferente, ya sea en aladelta, parapente o través de vuelos de bautismo. Aventura entre montañas y con una gastronomía exquisita.

Con tonos rojizos que prevalecen en sus paisajes, La Rioja sobresale en el norte del país con su relieve montañoso y monumental. Como si fuese parte de una escenografía de un clásico western americano, con suelos áridos, silenciosos e indefensos al viento, la provincia tiene una serie de circuitos para conocerla a fondo. Ya sea desde la altura, o bien metiéndose de lleno entre sus tesoros naturales. En cualquier agenda del turista rápidamente figuran el Parque Nacional Talampaya, la región Cordillerana donde se destaca la reserva provincial Laguna Brava, la Quebrada de los Cóndores; pero hay mucho más. Súbase al parapente y conozca un paisaje diferente.

La experiencia de volar sobre llanos o cerros riojanos en aladelta o parapente, hacer vuelos de bautismo en compañía o ver la destreza de profesionales desde el suelo, son experiencias que llaman cada vez a más turistas, por lo que la provincia creó la Ruta del Vuelo, que ofrece esa posibilidad en varios puntos de su territorio. Este producto se promociona a través de sitios de excelentes condiciones y diferentes altitudes que, durante todo el año, potencian encuentros y campeonatos nacionales donde aladeltas y parapentes despliegan sus capacidades deportivas, cubriendo de  multicolor a cielo capitalino y de Pampa de la Viuda, Dunas de Mazán, Cuesta Vieja en Famatina, La Mejicana y Ambil en General Ocampo.

Las condiciones climáticas por las bajas precipitaciones, la incidencia del sol, la aridez que surge entre zonas cultivables y las condiciones propias para un despegue y aterrizaje ideales, son ideales para la práctica de estas disciplinas. Sin embargo esta Ruta no dejó la exclusividad sólo a pilotos o aficionados, sino que se transformó en lugares de elección para toda la familia, quienes además se suman a disfrutar de estas jornadas deportivas y de la experiencia que los expertos del aire relatan al término de cada desafío, donde la adrenalina se hace mística y común entre los presentes. 

En Cerro “El Morro” de la capital se vuela durante todo el año y además se puede aprovechar la posibilidad de realizar un circuito de museos, iglesias, Dique de los Sauces, la Quebrada, Sanagasta y bodegas. Otros sitios para agendar cerca de la ciudad son las Padercitas (un conjunto de ruinas de barro muy bien conservadas), el Dique Los Sauces y el Cerro de La Cruz. Pero eso no es todo, en La Rioja el espíritu se contagia de alegría y emoción, y más aún al vivenciar sus tradicionales fiestas religiosas y populares, entre las que resalta la Fiesta Nacional de la Chaya.

Pampa de la Viuda, en el Departamento Sanagasta, es ideal para vuelos muy técnicos y se realizan en condiciones térmicas aptas, donde sus dos despegues se encuentran a más de 2 mil metros. El camino hasta el lugar, a 9 kilómetros de la cabecera departamental, es el primer tramo del camino al departamento Chilecito, por el cual se disfruta un excepcional verde en la vegetación y la frescura de suaves brisas.

En el departamento Arauco, las Dunas de Villa Mazan son ideales para quienes se inician en este deporte, por lo que muchos hacen allí los últimos pasos de la escuela y realizan el primer vuelo de altura. Además, Arauco brinda las posibilidades de conocer lugares donde la historia se conjuga con la producción olivarera en la provincia, recorrer establecimientos productivos, visitar la roca gigantesca que dio lugar al santuario del Señor de la Peña o la pista de carrovelismo del Barreal. A 6 kilómetros de la zona de vuelo están las Termas de Santa Teresita, con sus surgentes aguas de propiedades hidroterapeuticas.

Cuesta Vieja, en el Departamento Famatina, es especial para volar en dinámica, con despegues suaves en un amplio valle de Antinaco-Los Colorados y realizar vuelos de distancia hacia el norte de las Sierras del Paimán. Allí, la propuesta incluye una caminata por el Circuito "Lavadores de Oro", donde quedan restos de lo utilizado por quienes padecían la "fiebre" por el preciado metal en siglos anteriores, y también se puede ascender en 4x4 al Cerro Famatina y a la Mina la Mejicana, o realizar apacibles caminatas entre nogales.

Párrafo aparte en esta región merece el Cañón del Ocre. Ubicado sobre los 2500 metros de altura y 30 kilómetros de Chilecito, este lugar se caracteriza por tonos ocres oxidados brindados por la presencia de azufre en los componentes de sus rocas. Al costado del camino un profundo tajo se abre paso entre titánicas montañas color dorado, y los rayos de sol dejan al descubierto excéntricas figuras entre las grietas de los paredones. El río Amarillo se abre paso entre dos montañas, y desemboca en el cauce cristalino de un arroyo, que mana a borbotones entre la escarcha.

Finalmente, volviendo a la aventura desde el aire, en La Mejicana se pueden realizar vuelos de 40 minutos en planeo, con despegue a 4.200 metros y aterrizaje en Chilecito. Y los llanos riojanos de Ambil, departamento General Ocampo, se convirtieron en un sitio muy interesante, ya que se pueden hacer despegues a 200 metros de altitud, volando térmicas y dinámicas, lo que permite despegar cuantas veces el piloto considere necesarias para alcanzar su objetivo.

SABORES ANCESTRALES

La gastronomía, que remonta a la cultura milenaria, donde los sabores, texturas y aromas conjugan su esencia en exquisitas propuestas, es uno de los signos que marcan la identidad de La Rioja. Desde las aceituneras de Aimogasta hasta los excelentes vinos de Chilecito, es amplia la variedad de sabores típicos. 

Aunque hoy en algunos lugares aún se preserva la tradición y el legado de las abuelas, también los hay quienes en restaurantes y confiterías eligen las cocinas industrializadas pero sin dejar de aplicar la idiosincrasia de ser norteños, con los condimentos en su justa medida y la pizca ideal de amabilidad y calidez que nos identifica como riojanos.

Como integrantes del Noroeste argentino, la provincia recibió la herencia prehispánica de la producción tradicional del maíz, papa, ajíes y pimentones e incluso la existencia del "taco" o algarrobo criollo. Es importante destacar también la influencia de una gastronomía andina y aún más libanesa y siria, al igual que la magnífica corriente italiana, un crisol de razas para asegurando en la mesa el mejor de los sabores.

La historia relata que -desde hace aproximadamente 3 mil años- a causa de la constitución de poblaciones agroalfareras en todo el norte nacional, comenzaban a cocinarse los primeros guisos. La ganadería tanto vacuna, caprina, ovina y porcina, es de suma importancia también en la elaboración de diferentes platos tradicionales como el asado, empanadas y embutidos, lógicamente con la peculiaridad del condimento que aporta cada región, donde el apogeo compite.

Un embajador de esta cocina es el reconocido chef riojano Hugo Véliz, quien combina platos tradicionales de la cocina riojana con un toque gourmet. Algarroba, conejo, jarilla y mistol son algunos productos que el experto suele utilizar en sus platos. Una de sus más renombradas especialidades es el jamón crudo de conejo ahumado en jarilla, envasado al vacío. 

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Fecha de hoy

23/08/2017

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